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19.5: La Audición
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TRANSCRIPCIÓN

19.5: Hearing

19.5: La Audición

When we hear a sound, our nervous system is detecting sound waves—pressure waves of mechanical energy traveling through a medium. The frequency of the wave is perceived as pitch, while the amplitude is perceived as loudness.

Sound waves are collected by the external ear and amplified as they travel through the ear canal. When sounds reach the junction between the outer and middle ear, they vibrate the tympanic membrane—the eardrum. The resulting mechanical energy causes the attached ossicles—a set of small bones in the middle ear—to move.

The ossicles vibrate the oval window, the outermost part of the inner ear. In the labyrinth of the inner ear, the sound wave energy is transferred to the cochlea—a coiled structure in the inner ear—causing the fluid within it to move. The cochlea contains receptors that transduce mechanical sound waves into electrical signals that can be interpreted by the brain. Sounds within the hearing range vibrate the basilar membrane in the cochlea and are detected by hair cells on the organ of Corti, the site of transduction.

Along the primary auditory pathway, the signals are sent through the auditory nerve to the cochlear nuclei in the brainstem. From here, they travel to the inferior colliculus of the midbrain and up to the thalamus, and then to the primary auditory cortex. Along this pathway, information about the sound is maintained such that once the signal reaches the primary auditory cortex, basic characteristics (like pitch) can be identified and perceived. From the primary auditory cortex, sound information is sent to nearby areas of the cerebral cortex for higher-level processing—such as Wernicke’s area, which is critical for understanding speech.

Cuando escuchamos un sonido, nuestro sistema nervioso está detectando ondas sonoras: ondas de presión de energía mecánica que viajan a través de un medio. La frecuencia de la onda se percibe como tono, mientras que la amplitud se percibe como sonoridad.

Las ondas sonoras son recogidas por el oído externo y amplificadas a medida que viajan a través del canal auditivo. Cuando los sonidos llegan a la unión entre el oído externo y el medio, vibran la membrana timpánica, el tímpano. La energía mecánica resultante hace que los osículos unidos (un conjunto de huesos pequeños en el oído medio) se muevan.

Los osículos vibran la ventana ovalada, la parte más externa del oído interno. En el laberinto del oído interno, la energía de las ondas sonoras se transfiere a la cóclea, una estructura enrollada en el oído interno, lo que hace que el líquido dentro de ella se mueva. La cóclea contiene receptores que transducen ondas sonoras mecánicas en señales eléctricas que pueden ser interpretadas por el cerebro. Los sonidos dentro del rango auditivo vibran la membrana basilar en la cóclea y son detectados por las células pilosas en el órgano de Corti, el lugar de la transducción.

A lo largo de la vía auditiva primaria, las señales se envían a través del nervio auditivo a los núcleos cocleares en el tronco encefálica. Desde aquí, viajan al colliículo inferior del cerebro medio y hasta el tálamo, y luego a la corteza auditiva primaria. A lo largo de esta vía, se mantiene información sobre el sonido de tal manera que una vez que la señal alcanza la corteza auditiva primaria, se pueden identificar y percibir características básicas (como el tono). Desde la corteza auditiva primaria, se envía información sonora a áreas cercanas de la corteza cerebral para un procesamiento de nivel superior, como el área de Wernicke, que es fundamental para entender el habla.


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