El resurgimiento del cultivo en el estudio de microorganismos ha complementado los conocimientos de los estudios metagenómicos al proporcionar material para probar hipótesis metabólicas que anteriormente solo se describían y cuantificaban parcialmente. El cultivo de bacterias intestinales proporciona material para sustentar futuras investigaciones sobre las interacciones microbiano-huésped, facilitar estudios de colonización dirigidos y mejorar los estudios de interacción molecular 1,2,3. Los conocimientos adquiridos sobre los microorganismos gastrointestinales han mejorado la nutrición y el bienestar de los animales al influir en las formulaciones de las dietas y aumentar la disponibilidad de nutrientes4. Esta comprensión ha contribuido a mejorar el rendimiento en la utilización de la interacción entre prebióticos y probióticos. Sin embargo, se requiere una investigación en profundidad para obtener una comprensión completa de cómo las condiciones bioquímicas y fisicoquímicas interactúan e impactan el perfil microbiano y su estructura. Para lograr este objetivo, el cultivo sigue siendo imperativo, ya que sirve como una herramienta crucial para profundizar en la intrincada dinámica de las comunidades microbianas dentro del entorno gastrointestinal.
En contraste con la extensa investigación sobre microbios asociados con el intestino humano y los estudios clínicos de cultivo5, los informes sobre microorganismos del ganado han utilizado predominantemente una gama limitada de medios para el aislamiento, lo que podría restringir la diversidad de aislados 2,3. Además, las mejoras en la formulación de medios y los estudios sobre la interacción del fosfato y las sales con el agar, como lo dilucidaron Tanaka et al. y Kawasaki et al., aún no se han implementado para los estudios del microbioma intestinal 6,7,8,9.
Considerado una sustancia semi-esencial, se ha reportado que el mio-inositol (MI) desempeña un papel fundamental en diversos procesos metabólicos, fisiológicos y regulatorios10,11. Estos incluyen la participación en la mineralización ósea, el desarrollo muscular de la mama, la señalización celular, la promoción de la ovulación y la fertilidad, la modulación de la señalización neuronal y la actuación como regulador de la homeostasis de la glucosa y la regulación de la insulina en las aves de corral10,11. El IM desempeña un papel como precursor a través de su interconversión dentro de procesos bioquímicos fundamentales, incluido el proceso de glucólisis/gluconeogénesis, el ciclo del ácido cítrico y la vía del fosfato de pentosa. Además, también sirve como precursor del fosfatidilinositol (PI), que está involucrado en el metabolismo de los glicerofosfolípidos12. Pocas investigaciones han reportado que la metabolización del IM conduce a alteraciones en la estabilidad ósea y el rendimiento animal. Esto incluye mejoras en la tasa de conversión alimenticia y la ganancia de peso corporal, demostrando su impacto después de la absorción y utilización dentro del animal13,14. Sin embargo, la vía para la metabolización del IM y su impacto en el metabolismo de las aves de corral sigue siendo difícil de alcanzar15. Además, pocos estudios proponen un papel potencial de las bacterias en la utilización del IM, particularmente en regiones de alta actividad metabólica como el íleon 16,17,18,19.
Los esfuerzos en el cultivo de bacterias a partir del tracto gastrointestinal de los animales tienen como objetivo mejorar las bases de datos genómicos y ampliar la investigación, verificar las hipótesis basadas en el genoma y comprender la importancia ecológica de estos recursos20. El objetivo de este trabajo es mejorar las estrategias de cultivo bacteriano a partir del TGI de pollo para potenciar la diversidad de aislamiento y el aislamiento focalizado de un grupo ecológico de interés que asimilan y metabolizan el mioinositol.