El deterioro olfativo se ha convertido en un problema de salud pública notable y se asocia de forma independiente con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Esta afección puede afectar negativamente el bienestar general, contribuir al desarrollo de síntomas depresivos y dar lugar a una disminución de la calidad de vida. Su impacto se observa de manera prominente en la percepción alterada de la comida, el obstáculo en la comunicación social y el aumento de los sentimientos negativos1. Varios factores, como la enfermedad nasal, la infección del tracto respiratorio superior y la lesión cerebral traumática, se han considerado contribuyentes al deterioro olfativoen los seres humanos. En particular, los contaminantes ambientales inhalables como las PM2.5, que se estima que oscilan entre el 2% y el 16%, ingresan al cuerpo a través del aire inspirado, atraviesan la cavidad nasal y llegan a regiones específicas dedicadas al olfato donde se depositan 3,4,5,6,7. Hallazgos recientes indican que los contaminantes ambientales inhalables, incluyendo PM2.5 y amoníaco, pueden dañar las neuronas sensoriales olfativas 8,9,10. Sin embargo, se requiere una validación adicional para determinar si dicho daño conduce directamente a la disfunción olfativa. Por lo tanto, una evaluación meticulosa de los efectos de los contaminantes ambientales inhalables sobre la función olfativa es de particular importancia.
En la actualidad, numerosos laboratorios de investigación emplean ratones como modelo alternativo de vertebrados para experimentos conductuales destinados a comprender los cambios en la función olfativa 11,12,13,14. Los ratones fueron elegidos como el sistema modelo preferido para investigar la comunicación química de los vertebrados, y exhiben una notable sensibilidad olfativa crucial para la búsqueda de alimento y la comunicación social15. Además, la continua evolución de las herramientas para observar e influir en el comportamiento de los ratones ha hecho que esta especie sea excepcionalmente atractiva para la investigación dela función olfativa.
En este estudio, empleamos la prueba de alimentos enterrados y el experimento de discriminación social de olores para evaluar el deterioro olfativo en un modelo de ratón expuesto a contaminantes ambientales inhalables. Para mejorar la precisión de la evaluación, se optó por el método más representativo para evaluar la función olfativa. Hemos refinado sistemáticamente este método para garantizar la simplicidad y la claridad, lo que nos permite medir eficazmente el alcance de la disfunción olfativa inducida por los contaminantes ambientales inhalables.