Los biomateriales implantables se han convertido en una solución convencional para diversas enfermedades humanas y desempeñan un gran papel en la investigación biomédica, incluida la ingeniería de tejidos, los sistemas de administración de fármacos y los implantes 1,2. Existe una amplia gama de implantes fabricados en diversos materiales con diferentes estructuras y funcionalidades, como prótesis de cadera, stents, mallas, válvulas cardíacas o implantes dentales. Tras la implantación, el contacto tejido-implante provoca una respuesta inmunitaria, seguida de resolución, remodelación del tejido y homeostasis. Estos procesos están influenciados por las características físicas, químicas y bioactivas de los biomateriales utilizados. Estas características pueden afectar la intensidad y el espectro de las respuestas proinflamatorias y antiinflamatorias, la formación de cápsulas fibróticas, la degradación de los tejidos y la fase de curación 3,4. Con el fin de apoyar y optimizar el proceso de cicatrización y la integración a largo plazo del implante, un aspecto emergente de la investigación actual es investigar y mediar la interacción entre las superficies del implante y las células inmunitarias.
Entre otras células inmunitarias, los macrófagos, que se encuentran en todo el cuerpo, son actores clave en la inflamación y la defensa antipatógena, así como en los procesos de curación y el mantenimiento de la homeostasis de los tejidos 5,6. En función de su plasticidad y de los estímulos microambientales de los tejidos locales, los macrófagos son capaces de polarizarse en distintos fenotipos funcionales, que presentan grandes diferencias en el metabolismo celular, las funciones celulares y los perfiles de secreción de citocinas. El fenotipo M1 activado clásicamente se puede distinguir por la secreción de citocinas proinflamatorias, como IL-1β, IL-6 y TNF-α, y está involucrado en la respuesta inflamatoria inicial y crónica al trauma y a biomateriales extraños. Por el contrario, los macrófagos M2 activados, que son activados por citocinas como la IL-4 y la IL-13, tienen rasgos característicos como la resolución de la inflamación y la promoción de la curación de los tejidos. Los macrófagos polarizados M2 pueden identificarse por la expresión de marcadores de superficie celular como CD206 y la producción de citocinas como IL-10 e IL-47. Del mismo modo, los macrófagos que ya han sido polarizados pueden reprogramarse en un nuevo microambiente.
Muchos estudios sobre las interacciones célula-biomaterial han demostrado la importancia de los macrófagos en la cascada de respuestas inmunológicas hacia biomateriales implantables y en la orquestación de procesos involucrados en la curación de complicaciones relacionadas con implantes 8,9,10. A pesar de que la ingeniería biomédica ha logrado avances significativos en los últimos años, se necesita más investigación para comprender cómo los implantes modulan el comportamiento y la polarización de los macrófagos 11,12,13.
En cultivo celular, las células mononucleares de sangre periférica (PBMC) derivadas de monocitos se pueden diferenciar en macrófagos M0 adherentes seguidos de una polarización inducida hacia los fenotipos M1 o M2 utilizando LPS e IFN-γ o IL-4, respectivamente. Después de la incubación in vitro con nuevos especímenes de biomateriales, es posible utilizar los diferentes receptores de superficie celular y perfiles de citocinas de macrófagos M1 y M2 para detectar el potencial inmunomodulador de los biomateriales in vitro14,15. Este estudio tuvo como objetivo desarrollar un protocolo in vitro que pueda emplearse para investigar la polarización de los MDM en respuesta a diferentes superficies de implantes. Los análisis de expresión génica, las técnicas de microscopía y ELISA se pueden utilizar para determinar los marcadores fenotípicos y los perfiles de citocinas específicas de los macrófagos M1 y M2 modulados por el biomaterial. Por lo tanto, se pueden dilucidar las complejas interacciones entre los macrófagos y las superficies de los biomateriales, y se puede obtener información valiosa para comprender mejor las interacciones entre los macrófagos y los biomateriales. Por último, un protocolo in vitro estandarizado garantiza la reproducibilidad, fiabilidad y comparabilidad de los resultados experimentales al minimizar la variabilidad en la configuración experimental.