Los defectos óseos, ya sean causados por traumatismos, resección de tumores, anomalías congénitas o infecciones, representan un gran desafío para la medicina regenerativa. Estas alteraciones comprometen la integridad estructural del sistema esquelético, lo que provoca molestias, deterioro funcional y una reducción de la calidad de vida de los pacientes.
Para superar estos desafíos, han surgido estrategias innovadoras de reparación ósea, con un enfoque en mejorar la osteogénesis y la regeneración del tejido óseo. Estos enfoques incluyen el uso de sustitutos óseos implantables, inyectables o imprimibles en 3D, que pueden ser de origen natural (p. ej., macromoléculas de origen biológico, hidroxiapatita de origen animal) o sintéticos (p. ej., biovidrios, fosfatos de calcio)1. Para mejorar su baja capacidad inherente para guiar y estimular la regeneración ósea, los sustitutos óseos pueden cargarse con factores osteoinductores, como las proteínas morfogenéticas óseas (BMP), para promover la diferenciación osteogénica de las células progenitoras y mejorar la formación ósea2.
La formación ósea se basa en la formación inicial de una matriz de colágeno, que luego es mineralizada por cristales de hidroxiapatita, reforzando así la estructura ósea3. Este proceso confiere rigidez y resistencia específicas al hueso. La calidad del tejido mineralizado está estrechamente gobernada por sus atributos microestructurales y su grado de mineralización4. Esta cualidad desempeña un papel fundamental en la cicatrización ósea y en la funcionalidad del hueso regenerado5. Sin embargo, la caracterización de la mineralización ósea sigue siendo una tarea desafiante debido a la variabilidad inherente entre los estudios multivariados 6,7,8.
Además, las evaluaciones iniciales de la biocompatibilidad, la citocompatibilidad y el potencial de diferenciación de los sustitutos de injertos óseos suelen realizarse in vitro. Sin embargo, las disparidades metodológicas impiden la comparación fluida de los resultados. Además, estos estudios in vitro no capturan completamente las interacciones multicelulares y el diálogo complejo entre las poblaciones celulares, incluidas las células de la médula ósea, que son esenciales para regular el proceso de regeneración ósea9. Esta falta de representación precisa del microambiente óseo puede comprometer la precisión de los estudios preclínicos posteriores10.
Aunque las evaluaciones in vivo proporcionan una representación más precisa de los contextos fisiológicos, están limitadas por consideraciones éticas, logísticas y financieras. En consecuencia, las evaluaciones ex vivo juegan un papel fundamental como interfaz entre los estudios in vitro e in vivo, sirviendo como un paso intermedio necesario antes de pasar a los experimentos en sujetos vivos 11,12,13.
En este contexto, es necesaria la implementación de metodologías de caracterización integrales para evaluar la calidad del tejido óseo regenerado y garantizar la pertinencia de la estrategia antes de pasar a un modelo preclínico. En consecuencia, proponemos un protocolo basado en el análisis de un modelo de explante utilizando tejido articular de rodilla de oveja. Esta metodología innovadora consiste en implantar cemento cargado de BMP2 en los explantes y realizar un análisis detallado de la mineralización del tejido después de 28 días de cultivo.
Los enfoques técnicos empleados en este estudio son diversos y complementarios, proporcionando colectivamente un enfoque integral para evaluar la calidad del tejido óseo regenerado (Figura 1). Las imágenes de micro-TC de alta resolución permiten una visualización detallada en 3D de la estructura ósea, lo que proporciona información valiosa sobre la densidad mineral, la morfología y la integridad del tejido recién formado. Esta técnica es crucial para evaluar la eficacia de la regeneración ósea y monitorear la progresión de la mineralización a lo largo del tiempo. La nanoindentación es un enfoque preciso para determinar las propiedades mecánicas del tejido, como su dureza y resistencia. Al medir la respuesta del material a una fuerza aplicada a escala nanométrica, este método permite evaluar la robustez y la calidad del tejido mineralizado. Los exámenes histológicos que utilizan tinciones comunes como la hematoxilina/eosina/azafrán (HES), el tricrómico de Goldner y el pentacromo de Movat proporcionan información valiosa sobre la estructura y composición de los tejidos. Estas tinciones permiten la diferenciación de los distintos componentes del tejido, incluidas las células, la matriz extracelular y los depósitos minerales, lo que permite una evaluación cualitativa completa del proceso de regeneración ósea. El mapeo de microscopía electrónica de barrido (SEM) de retrodispersión ofrece una visualización de alta resolución de la superficie de las muestras, lo que permite un análisis detallado del grado de mineralización de la matriz ósea, así como de las interfaces entre el material implantado y el tejido huésped. Por último, la espectroscopia Raman proporciona información sobre la composición molecular del tejido, en particular mediante la identificación de componentes específicos como proteínas, lípidos y minerales. Este enfoque permite la caracterización de la matriz mineralizada y la detección de factores de crecimiento como BMP2, proporcionando así información crucial sobre la persistencia de estímulos pro-osteogénicos en el medio de regeneración.
Utilizando un enfoque multidisciplinar, integrando diversas técnicas analíticas, nuestro estudio tiene como objetivo proporcionar una evaluación exhaustiva y completa de la calidad del tejido óseo regenerado, proporcionando así una base sólida para la evaluación de los sustitutos de injertos óseos y su potencial aplicación clínica.