La histiocitosis de células de Langerhans (HCL) es una enfermedad rara caracterizada por una proliferación anormal de células de Langerhans, un tipo de histiocitosis 1,2. La enfermedad puede comprometer huesos, piel, ganglios linfáticos y órganos internos, siendo el cráneo el sitio más común de lesiones óseas únicas, lo que representa aproximadamente 60-80% de los casos de HCL pediátrica 1,3. La patogénesis no se comprende completamente y puede estar asociada con mutaciones genéticas somáticas (como BRAF V600E), anomalías del microambiente inmunológico o activación de factores inflamatorios³. Las manifestaciones clínicas varían según el sitio afectado. Las lesiones craneales generalmente se presentan como una masa localizada indolora o levemente dolorosa, a menudo acompañada de destrucción ósea, hinchazón del cuero cabelludo y sensibilidad. En casos graves, la invasión epidural o la afectación intracraneal pueden provocar síntomas neurológicos.
El diagnóstico requiere una combinación de imágenes, patología e inmunohistoquímica 2,3. La radiografía o la tomografía computarizada del cráneo a menudo revelan daños osteolíticos con márgenes bien definidos, descritos como defectos "perforados" o "geoglíficos". La resonancia magnética puede evaluar aún más el grado de afectación de los tejidos blandos. La biopsia confirma el diagnóstico, mostrando típicamente un gran número de infiltrados eosinofílicos e histiocitos en forma de espuma. Los marcadores inmunohistoquímicos como CD1a, CD207 (Langerin) y la proteína S-100 proporcionan evidencia diagnóstica clave. El diagnóstico diferencial debe excluir tumores óseos como el sarcoma de Ewing, la osteomielitis y las lesiones metastásicas.
Las estrategias de tratamiento deben desarrollarse en función de la extensión de la lesión y la afectación sistémica 2,4. Para la HCL craneal localizada, la resección quirúrgica es la opción preferida, en particular en los casos con una sola lesión, una ubicación accesible y sin invasión neurovascular significativa. Se debe lograr la resección completa de la lesión garantizando la seguridad. Durante la cirugía, se debe tener cuidado para proteger la membrana dural y el tejido óseo normal circundante para evitar fugas o infecciones de líquido cefalorraquídeo postoperatorias. Se puede usar malla de titanio o cemento óseo para reparar defectos más grandes después de la resección. Si la lesión se localiza en lo profundo o adyacente a estructuras críticas (p. ej., seno sagital, nervio óptico), se puede considerar la radioterapia posoperatoria de dosis baja (5-15 Gy) o la terapia hormonal oral. Los casos con compromiso multisistémico o enfermedad residual posoperatoria se pueden tratar con quimioterapia (por ejemplo, vinblastina combinada con prednisona) y los fármacos dirigidos (por ejemplo, inhibidores de BRAF) han mostrado una eficacia alta en los casos positivos para la mutación.
El pronóstico está estrechamente relacionado con la edad de inicio, los órganos afectados y la respuesta al tratamiento 1,3,5. La tasa de supervivencia a 5 años de la HCL craneal localizada después del tratamiento estándar supera el 95 %, aunque aproximadamente del 10 % al 20 % de los casos pueden recaer. El seguimiento regular por imágenes (cada 3-6 meses) permite la detección temprana de nuevas lesiones. Afectación de múltiples sistemas (p. ej., hígado, pulmón, médula ósea) u "órganos de alto riesgo": se asocia con un pronóstico más precario y requiere un monitoreo a largo plazo de la función endocrina (p. ej., diabetes insípida). En los últimos años, la colaboración multidisciplinaria y el tratamiento individualizado han mejorado significativamente la calidad de vida de los pacientes, aunque las secuelas a largo plazo (como deformidades óseas y trastornos neurocognitivos) aún requieren atención.
PRESENTACIÓN DEL CASO:
Un varón de 14 años ingresó al hospital con lesiones temporales derechas presentes durante siete meses. Inicialmente, la masa era aproximadamente del tamaño de un frijol (menos de 1 cm) (Figura 1A), seguida de un crecimiento progresivo, alcanzando una elevación de 3 cm cinco meses después (Figura 1B). La masa tenía movilidad limitada, un límite mal definido, sin síntomas subjetivos, sin hinchazón, ruptura superficial o induración, y sin dolor irradiado. El examen neurológico no reveló signos positivos. La primera tomografía computarizada (el 29 de enero de 2019) mostró una masa de 1 cm que afectaba el hueso temporal derecho (Figura 1A). Una segunda tomografía computarizada (el 3 de mayo de 2019) reveló una masa de 3 cm en la misma región (Figura 1B; Figura 2A). La resonancia magnética demostró una masa hiperintensa de 2,7 cm en imágenes mejoradas con T1.
Diagnóstico, evaluación y plan
Después de la evaluación y discusión, se concluyó que la lesión craneal requería tratamiento quirúrgico. Después de comunicarse con el paciente y los familiares, se realizó la preparación preoperatoria. Las propiedades patológicas se determinaron mediante la escisión de la lesión. De acuerdo con los resultados patológicos, se determinó el siguiente plan de tratamiento.
Después de la evaluación y discusión, se concluyó que la lesión craneal requería tratamiento quirúrgico. Después de la comunicación con el paciente y los familiares, se iniciaron los preparativos preoperatorios. La naturaleza patológica de la lesión se determinó mediante escisión quirúrgica. Con base en los hallazgos patológicos, se estableció el plan de tratamiento posterior.