Según el Observatorio Global de Donación y Trasplante, el trasplante de riñón representa aproximadamente entre el 60% y el 65% de todos los trasplantes de órganos sólidos en todo el mundo, siendo el número de procedimientos realizados en 2023 casi tres veces mayor que el de los trasplantes de hígado, siendo este último el segundo tipo más común. En el 61% de los trasplantes de riñón realizados ese año, el órgano se originó en donantesfallecidos 1, lo que implica un periodo de conservación más largo en comparación con los trasplantes de donantes vivos, donde el tiempo de espera es significativamente máscorto 2. Durante este periodo de preservación, los riñones suelen preservarse mediante almacenamiento en frío estático para ralentizar el metabolismo celular, lo que reduce la demanda de oxígeno y energía y, por tanto, limita la lesiónisquémica 3. Sin embargo, el almacenamiento en frío estático proporciona solo protección parcial, ya que no puede sostener completamente el metabolismo celular ni la entrega de osígeno, lo que conduce a una disfunción metabólica progresiva durante lapreservación 4,5. Por otro lado, la preservación normotérmica ex vivo ha surgido como una estrategia viable para mantener el órgano a una temperatura cercana a la fisiología, apoyando así el metabolismo celular y la oxigenación, y en consecuencia reduciendo la lesión isquemia-reperfusión (IRI)6.
Sin embargo, durante el trasplante de riñón, la lesión renal aguda (AK) debida a IRI es una consecuencia inevitable. La IRI resulta de la interrupción del flujo sanguíneo a través del órgano, lo que provoca un desequilibrio entre la oferta y la demanda de oxígeno ynutrientes 7. Este proceso tiene un impacto directo en la función del riñón trasplantado y aumenta el riesgo de rechazo agudo y reducción de la función del injertoa largo plazo 8,9.
Los PTECs—especialmente abundantes en la corteza renal—son especialmente vulnerables a la IRI. Estas células constituyen aproximadamente el 60%-70% del epitelio tubular y son responsables de la reabsorción de la mayor parte del filtrado glomerular, incluyendo agua, iones, glucosa yaminoácidos 10. Su alta actividad metabólica está respaldada por una extensa red mitocondrial para satisfacer las demandas de transporte dependientes deATP 11. En consecuencia, son extremadamente sensibles a alteraciones metabólicas, como la privación de ogen y la disfunción mitocondrial, ambas características centrales deIRI 12.
Durante la IRI, la privación de oxígeno interrumpe la fosforilación oxidativa mitocondrial, lo que provoca agotamiento de ATP y una función de reabsorcióndeteriorada 13,14. Esto inicia un cambio metabólico de la oxidación de ácidos grasos (FAO) a la glucólisis anaeróbia y la activación de la vía de la pentosa fosfato, que, aunque temporalmente protectora, es insuficiente para satisfacer plenamente las demandas energéticas y redox de estascélulas. Si la supresión de la FAO persiste durante la fase de reparación, la acumulación delípidos 16 y la lipotoxicidadse producen 17, dañando aún más las células y afectando su capacidadregenerativa 18. Este estado metabólico desadaptativo puede finalmente provocar atrofia tubular, fibrosis intersticial y progresión hacia enfermedad renalcrónica.
Este deterioro metabólico, provocado por una FAO defectuosa, dificulta la capacidad de satisfacer las altas demandas energéticas del túbulorenal 17,19. La consiguiente depleción de ATP y la acumulación de lípidos promueven la disfunción mitocondrial y la generación de especies reactivas de oxígeno, que activan la señalización proinflamatoria y la infiltraciónleucocitaria 20,21,22. La inflamación persistente y la lesión oxidativa desestabilizan la integridad mitocondrial, amplificando la insuficiencia energética y provocando finalmente la muerte celular apoptóticay necrótica 23,24. Durante esta fase de lesión aguda, biomarcadores específicos como la Molécula de Lesión Renal 1 (KIM-1) y la Lipocalina Asociada a Neutrófilos Gelatinasa (NGAL) se regulan al alza, sirviendo como indicadores sensibles del daño tubular proximal y de laAKI temprana 25.
Tras una lesión aguda, los mecanismos de reparación desadaptativos favorecen una deposición excesiva de la matriz extracelular, una característica distintiva de la fibrosisrenal 26. Entre los componentes de la matriz extracelular, el colágeno, especialmente el colágeno tipo I (codificado por el gen Col1a1), se acumula en el espacio intersticial, contribuyendo a la atrofia tubular y a la pérdida del parénquimafuncional 27. Esta remodelación fibrótica está impulsada en gran medida por la senescencia tubular y la transición parcial de epitelio a mesenquim (pEMT) en células epiteliales tubulares, lo que finalmente conduce a un deterioro funcionalrenal 28,29,30. El inicio de la PEM renal y la fibrosis favorece la progresión de la IAC a la enfermedad renal crónica (ERC), culminando en una pérdida irreversible de la función renal y una supervivencia comprometida delinjerto 31,32.
En este protocolo, describimos un modelo in vitro de lesión H/R utilizando células epiteliales tubulares proximales (IM-PTECs) inmortalizadas por SV40 de ratón, sometidas a condiciones H/R controladas. La mayoría de los estudios preclínicos sobre IRI renal se han basado tradicionalmente en modelos animales, que reproducen las complejas respuestas vasculares e inmunitarias del riñón pero conllevan mayores costes, preocupaciones éticas y una variabilidad biológica considerablemente mayor33,34. Estas limitaciones han ralentizado el desarrollo de sistemas complementarios basados en células válidos para estudios mecanicistas detallados y de alto rendimiento. Este montaje experimental permite la simulación reproducible de la privación y restauración de oxígeno, imitando características clave de la IRI observadas en riñones trasplantados. El modelo sirve como una herramienta valiosa para estudiar los mecanismos celulares y moleculares subyacentes a la lesión tubular, la expresión de biomarcadores y las respuestas fibróticas en un entorno controlado. Además, proporciona una plataforma relevante para el cribado y evaluación de posibles estrategias terapéuticas destinadas a prevenir o mitigar el daño isquémico y mejorar los resultados tras el trasplante.