El LHP es extremadamente raro2. El diagnóstico del LHP requiere el cumplimiento de tres criterios: (1) manifestaciones clínicas de disfunción hepática; (2) ausencia de adenopatía palpable y evidencia radiológica de adenopatía distante; (3) ausencia de leucemia en el frotis de sangre periférica19. Puede presentarse a cualquier edad, con una proporción hombre:mujer de aproximadamente 2–3:1. La patogénesis del LHP aún no se conoce completamente, pero se asocia con infecciones como el VEB (virus de Epstein-Barr), VHC (virus de la hepatitis C), VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) y VTLH (virus linfotrópico de células T humanas), cirrosis hepática, lupus eritematoso sistémico y terapia inmunosupresora. En particular, la infección por VHC se asocia notablemente con el LHP20. Los estudios sugieren que el pronóstico para los pacientes con LHP es más favorable de lo que se informó anteriormente, con una tasa de supervivencia a 5 años del 77–83 %21. Los factores pronósticos desfavorables incluyen infiltración hepática extensa, un índice de proliferación alto, edad avanzada, síntomas sistémicos, gran volumen tumoral, subtipos histológicos desfavorables, niveles elevados de LDH, cirrosis hepática y niveles aumentados de β2-microglobulina22.
El LHP presenta diversas características en la imagen. Estas características se observan en TC (tomografía computarizada) o RM (resonancia magnética) e incluyen: (1) Masas solitarias (homogéneas o heterogéneas): en los estudios de TC, estas presentan una densidad baja uniforme. La mayoría de las lesiones muestran mínima o nula captación en todas las fases, y en la TC con contraste, aparecen como masas de densidad relativamente baja. (2) Lesiones múltiples, con o sin lesiones bien definidas, que pueden presentarse como un patrón miliar caracterizado por numerosos nódulos pequeños y discretos. (3) Infiltración difusa (con o sin hepatomegalia): la infiltración de células tumorales en las venas portales y sinusoides es rara en el LHP. Una vez que ocurre, puede indicar un pronóstico desfavorable para el paciente. (4) Masas periporales: esta presentación aparece como un tejido blando en forma de «manto» alrededor de la vena porta o como una masa mal definida. (5) Formas raras que carecen de modalidades de imagen características, como masas en la región gastrohepática con mínima infiltración hepática focal y un componente extrahepático predominante, que infiltran la región pilórica del estómago23,24.
El LHP presenta síntomas inespecíficos y requiere combinar resultados de múltiples índices para una evaluación integral. La literatura recomienda que los pacientes con nódulos hepáticos que son positivos en PET con FDG y que tienen niveles elevados de LDH se sometan a una biopsia preoperatoria para descartar LHP22. Sin embargo, en este caso, los hallazgos fueron exactamente lo opuesto: la PET con FDG mostró captación negativa y los niveles séricos de LDH eran normales, lo cual no coincidía con la presentación metabólica típica del LHP. Esta discrepancia sugiere que, incluso en ausencia de los marcadores típicos de FDG-PET y LDH, el LHP aún debe considerarse en casos con múltiples lesiones hepáticas, niveles normales de AFP, hallazgos de imagen atípicos y adenopatía hiliar, y debe buscarse activamente una biopsia preoperatoria. Un estudio reciente subraya la eficacia del ultrasonido en el diagnóstico de linfomas hepáticos pequeños aislados, destacando su papel fundamental para mejorar la atención y los resultados en los pacientes25. Sin embargo, la paciente no presentaba manifestaciones clínicas típicas como fiebre nocturna o pérdida de peso; el examen físico reveló solo una ligera sensibilidad en el cuadrante superior derecho del abdomen. Los hallazgos en TC e IRM fueron inespecíficos, sugiriendo carcinoma hepatocelular en los segmentos V y VIII del hígado. Además, dado que el motivo principal de la consulta de la paciente era tratar la masa de carcinoma hepatocelular, no realizamos pruebas preoperatorias relacionadas con el LHP, como una biopsia de la lesión. No obstante, la naturaleza de esta masa sigue siendo incierta, lo cual representa una preocupación clave para nosotros. Este desafío diagnóstico no es exclusivo de este caso2. Nuestro protocolo, que combina la administración preoperatoria de ICG (0,2 mg/kg dos días antes de la cirugía), un proceso de verificación intraoperatoria en dos niveles y protocolos de toma de decisiones para lesiones fluorescentes inesperadas, puede adaptarse por otros centros de cirugía hepatobiliar que enfrenten situaciones similares.
En este caso, la imagen de fluorescencia con ICG demostró un valor claro para la navegación quirúrgica. En comparación con la práctica estándar, nuestro protocolo tuvo cuatro modificaciones: administración prolongada de ICG hasta 48 h, introducción de puntos de verificación en dos niveles, propuesta de un algoritmo de decisión en tres niveles para lesiones atípicas (resecar/evaluar/observar) y uso de dosificación preoperatoria de ICG en la unidad hospitalaria en lugar de su administración en el quirófano. Tras la utilización de ICG, se detectó con éxito durante la intervención quirúrgica una lesión en el segmento IV con un diámetro mínimo de 20 mm; la naturaleza de esta lesión no pudo determinarse con claridad en las exploraciones preoperatorias de TC o RM. Los pasos clave incluyeron: (1) administración dos días antes de la cirugía para asegurar una captación adecuada por el parénquima hepático; (2) imagen intraoperatoria en infrarrojo cercano para identificar diferencias en las señales de fluorescencia (ausencia de fluorescencia en los segmentos V y VIII frente a una concentración anormal de fluorescencia en el segmento IV); (3) marcado en tiempo real para guiar una resección precisa.
Sin embargo, la imagen de fluorescencia con ICG tiene limitaciones en este caso. Primero, las características del señal de fluorescencia de PHL y HCC no son absolutas, y el patrón «típico» observado en este caso puede no ser universalmente aplicable. Segundo, el ICG no puede distinguir entre tumores benignos y malignos; el diagnóstico final de la lesión del segmento IV aún depende de la patología con inclusión en parafina postoperatoria. Además, en pacientes con cirrosis o insuficiencia hepática, un metabolismo anormal del ICG puede provocar una fluorescencia de fondo excesivamente intensa o débil, lo que dificulta la identificación de la lesión. Las estrategias de solución de problemas incluyen ajustar el momento de administración, alternar entre modos de luz infrarroja cercana y luz blanca para comparación, y combinar los hallazgos con la verificación mediante ultrasonido intraoperatorio26.
El uso de ICG en este caso siguió estrictamente las recomendaciones descritas en las guías: (1) Ventana temporal: administrar una dosis estándar de ICG por vía intravenosa 2 días antes de la cirugía; el momento es adecuado; (2) Normalización de la dosis: 0,2 mg·kg⁻1 es la dosis estándar para equilibrar el rendimiento de la imagen y la interferencia de fondo; (3) Fusión multimodal: combinar la localización preoperatoria mediante TC/RM con la navegación intraoperatoria mediante fluorescencia en tiempo real logra una «tríada de imagen, anatomía y patología»; (4) Valor educativo: las diferencias en las señales de fluorescencia proporcionan a los cirujanos jóvenes una correlación intuitiva entre la patología y la imagen16.
Como lo ilustran los puntos de control de validación jerárquica descritos en el Protocolo 2.3, este ejemplo confirma la señal típica de HCC en el «primer punto de verificación» e identifica una lesión anormal en el «segundo punto de verificación», demostrando la viabilidad del proceso estandarizado.
En comparación con el ultrasonido intraoperatorio convencional (IOUS), la imagen de fluorescencia con ICG tiene una sensibilidad comparable para detectar lesiones superficiales (< 10 mm), pero su profundidad de penetración es limitada para lesiones profundas (> 8 cm)27,28. En este caso, ambas lesiones se localizaban cerca de la superficie hepática, lo que resultó en una buena imagen con ICG. Para pacientes con lesiones profundas o con antecedentes de cirrosis, se recomienda utilizar ICG en combinación con IUS para mejorar las tasas de detección y reducir los falsos negativos.
Las lesiones inesperadas con patrones típicos de fluorescencia deben resecarse inmediatamente. Estudios patológicos han confirmado que la fluorescencia del parénquima es una característica distintiva del carcinoma hepatocelular. Una revisión sistemática mostró que la tasa general de detección de tumores hepáticos mediante imágenes de fluorescencia con ICG alcanzó el 87,4%10. Independientemente de si dichas lesiones son visibles en las imágenes preoperatorias, deben considerarse sospechosas de malignidad y deben resecarse por completo.
En el caso de lesiones incidentales con patrones atípicos de fluorescencia, la decisión sobre si realizar una resección debe tomarse únicamente tras una evaluación cuidadosa. Los patrones atípicos de fluorescencia incluyen fluorescencia anular y señales débiles y moteadas. Aproximadamente el 10,5 % de las lesiones que aumentan con ICG se confirman finalmente como falsos positivos mediante análisis patológico10. Al encontrarse con tales lesiones, se debe utilizar ultrasonido intraoperatorio para una evaluación adicional, revisando simultáneamente los marcadores tumorales del paciente y el estado de los ganglios linfáticos. Aunque el patrón de fluorescencia en forma de anillo se observa en HLP, es más característico de metástasis hepáticas procedentes de cáncer colorrectal. Un estudio de Piccolo et al. encontró que todas las lesiones fluorescentes en forma de anillo se confirmaron patológicamente como tumores metastásicos29. Cuando la tinción no coincide con las expectativas, se recomienda aprovechar al máximo la información proporcionada por la tinción de fluorescencia con ICG, en lugar de cambiar directamente al modo de luz blanca30.
Para lesiones inesperadas con señales de fluorescencia débiles, ubicadas en profundidad o cercanas a estructuras vasculares críticas, puede preferirse un enfoque de observación y espera. Debido a la profundidad limitada de penetración tisular de la fluorescencia del ICG, la señal de fluorescencia proveniente de lesiones profundas suele ser débil, lo que dificulta determinar su significado clínico en tiempo real. Los reportes de casos han indicado que algunas áreas fluorescentes intraoperatorias se confirmaron patológicamente como tejido fibroso inespecífico sin evidencia de malignidad10,31. Dichas lesiones pueden dejarse in situ, pero deben vigilarse de cerca mediante imágenes postoperatorias, y el intervalo entre los exámenes de seguimiento debe acortarse.
En este caso, optamos por resecar la masa principalmente en función de su aspecto de alta fluorescencia, su localización aislada y superficial, y la exclusión del linfoma hepático primario típico mediante pruebas complementarias. Sin embargo, debe reconocerse que la resección directa no es el enfoque más riguroso; un proceso estándar de toma de decisiones debería priorizar una evaluación preoperatoria o intraoperatoria exhaustiva.
Las direcciones futuras de la investigación incluyen: (1) establecer una base de datos de señales de fluorescencia de ICG específicas para el LHP para aclarar las características de imagen de los diferentes subtipos patológicos; (2) explorar el uso del ICG en combinación con otros agentes de contraste dirigidos para mejorar la precisión del diagnóstico diferencial; (3) desarrollar un sistema de análisis de imágenes de fluorescencia asistido por inteligencia artificial para reducir la variabilidad en la interpretación subjetiva; (4) realizar un estudio prospectivo sobre el impacto de la biopsia guiada por ICG en la tasa de diagnóstico preoperatorio del LHP.
La LHP suele presentarse con manifestaciones clínicas y características en la imagenología, y el riesgo de diagnóstico erróneo puede aumentar. La identificación precisa de las lesiones hepáticas es esencial y debe incluir tanto las manifestaciones clínicas como los resultados de las pruebas de laboratorio. La imagenología intraoperatoria con fluorescencia de ICG tiene un papel en la reducción del riesgo de diagnóstico erróneo. En este caso, detectó con éxito una lesión de 20 mm que no se había identificado en la imagenología preoperatoria; ambas lesiones presentaron características distintas de la señal de fluorescencia, y la anatomía patológica postoperatoria las confirmó como CHC y LHP, respectivamente. Por lo tanto, este caso proporciona un marco aplicable para abordar dilemas diagnósticos similares en cirugía hepatobiliar; se requiere una validación prospectiva multicéntrica para establecer aún más su validez externa.