El linfoma hepático primario (LHP) es un linfoma extranodal extremadamente raro que se origina a partir del tejido linfático hepático o del tejido hematopoyético residual1, y representa menos del 0,016 % de todos los linfomas no Hodgkin2. Debido a sus diversas manifestaciones por imágenes y a la falta de síntomas clínicos específicos, el LHP suele confundirse con carcinoma hepatocelular (CHC) u otras lesiones hepáticas en forma de masa2,3. La mayoría de los pacientes presentan síntomas inespecíficos, como dolor en la parte superior del abdomen, fiebre y pérdida de peso, y los hallazgos de laboratorio comunes incluyen niveles elevados de lactato deshidrogenasa (LDH) y fosfatasa alcalina (FAL)4,5.
El diagnóstico diferencial entre el LPH y el CHC tiene importantes implicaciones clínicas. El CHC es el cáncer hepático primario más común en todo el mundo. Tanto el CHC como el LPH pueden presentarse en imágenes como lesiones hepáticas solitarias con realce arterial, pero sus regímenes de tratamiento son muy diferentes: el CHC se trata principalmente con resección quirúrgica, terapia intervencionista o terapia dirigida, mientras que el LPH requiere quimioterapia sistémica6,7. Un diagnóstico erróneo puede conducir a tratamientos invasivos innecesarios o al retraso del periodo óptimo de tratamiento. Aunque se han reportado ocasionalmente casos de LPH y CHC coexistentes, la literatura existente se centra principalmente en el diagnóstico patológico, y aún hay una discusión limitada sobre estrategias de diagnóstico diferencial preoperatorio, comparaciones de características por imágenes y vías de toma de decisiones clínicas7,8,9.
En los últimos años, la imagenología con fluorescencia de verde de indocianina (ICG) se ha vuelto cada vez más común en cirugía hepática10. El principio detrás de esta técnica radica en que las células hepáticas normales excretan rápidamente el ICG a través de los conductos biliares tras su captación mediante el polipéptido transportador de aniones orgánicos (OATP8), mientras que el tejido tumoral retiene el ICG debido a una excreción biliar deficiente, generando un contraste fluorescente11. En el carcinoma hepatocelular (HCC), las células cancerosas bien diferenciadas conservan parcialmente la captación mediada por OATP8, pero presentan excreción deficiente, lo que resulta en una «fluorescencia neoplásica»; en contraste, el linfoma hepático primario (PHL), al ser un tumor del sistema linfohematopoyético, carece de la capacidad hepatocito-específica de captar ICG. Su mecanismo de imagenología podría depender de la compresión tumoral del tejido hepático circundante, lo que lleva a una excreción retardada de ICG y a la formación de una característica «fluorescencia en forma de anillo»12,13.
El valor fundamental de la tecnología con ICG radica en su capacidad para detectar lesiones ocultas que no se identifican mediante imágenes preoperatorias. Los estudios han demostrado que la imagenología con fluorescencia de ICG puede detectar lesiones microscópicas en la superficie hepática tan pequeñas como 2 mm de diámetro14. En este estudio, la imagenología intraoperatoria con fluorescencia de ICG identificó con éxito una lesión de HLP pasada por alto mediante imágenes convencionales, confirmando su valor único en la detección de tumores hepáticos raros. Aunque la imagenología con fluorescencia de ICG es altamente sensible, las decisiones respecto a la resección de lesiones con fluorescencia positiva durante la cirugía deben basarse en una evaluación integral. Puede considerarse la resección de lesiones con fluorescencia típica, mientras que la decisión de resecar lesiones con fluorescencia atípica debe tomarse únicamente tras una evaluación cuidadosa. Además, en pacientes con masas hepáticas acompañadas de múltiples ganglios linfáticos aumentados de tamaño, debe incluirse el HLP en el diagnóstico diferencial.
Este informe presenta un caso confirmado patológicamente de carcinoma hepatocelular que coexiste con hiperplasia nodular focal, centrándose en el valor de la imagenología con fluorescencia de ICG para detectar lesiones ocultas y en los puntos clave para el diagnóstico diferencial, con el fin de orientar el diagnóstico y manejo de casos raros similares.
Caso clínico:
Este análisis de caso involucra a un paciente masculino de 57 años de edad ingresado en nuestro hospital en julio de 2024 tras identificarse una lesión hepática durante un examen físico de rutina. El paciente permaneció asintomático, sin fiebre, escalofríos, síntomas cardiovasculares ni quejas gastrointestinales como náuseas, vómitos o molestias abdominales. La historia clínica del paciente destacó por una aldosteronismo primario con hipertensión secundaria de un mes de evolución, junto con una historia de 40 años de tabaquismo intenso (20 cigarrillos/día) y consumo crónico de alcohol (60 g/día de etanol).
Diagnóstico, evaluación y plan:
La resonancia magnética mejorada (Figura 1A,B) muestra una masa en el sector V/VIII del hígado, que mide aproximadamente 45 mm × 42 mm × 50 mm; sus características morfológicas son compatibles con carcinoma hepatocelular (HCC). Además, existe una masa en el lóbulo lateral izquierdo que no muestra una realce significativo en las imágenes con contraste; la tomografía computarizada con contraste (Figura 2A,B) muestra que la masa en el lóbulo izquierdo del hígado presentaba una apariencia idéntica al parénquima hepático tanto en las fases venosa como arterial, sin observarse realce significativo. Esto confirma los hallazgos del examen por resonancia magnética y sugiere firmemente que la masa localizada en los segmentos V/VIII del hígado es un carcinoma hepatocelular. En los exámenes físicos, el hallazgo positivo principal del paciente fue una leve sensibilidad en el cuadrante superior derecho del abdomen; no se observaron otras anomalías significativas. Los resultados del examen de laboratorio mostraron marcadores tumorales: antígeno carcinoembrionario (CEA) de 6,83 ng/mL y alfafetoproteína (AFP) de 6,89 ng/mL. Entre los marcadores de función hepática, la alanina aminotransferasa (ALT) fue de 23,9 UI/L, la fosfatasa alcalina (ALP) fue de 110,3 UI/L y la LDH se encontró dentro de los límites normales. Los parámetros de función renal mostraron una creatinina sérica de 64 µmol/L y una tasa de filtración glomerular estimada (eGFR) de 119,59 mL/min/1,73 m2; los ocho ítems del tamizaje de enfermedades infecciosas fueron negativos. (Tabla Suplementaria 1 resume los resultados de los exámenes complementarios mencionados anteriormente.)
Basándose en la evidencia anterior, los exámenes de imagen mostraron una lesión ocupante de espacio en los segmentos V y VIII del hígado, compatible con las características del carcinoma hepatocelular (HCC). Dada la buena función hepática y renal del paciente, su estado de salud general favorable y la ausencia de contraindicaciones para la cirugía, el paciente fue sometido a la intervención quirúrgica el 21 de agosto de 2024.