Método de revisión
Esta revisión narrativa se basó en una búsqueda estructurada de PubMed y Web of Science. Los términos de búsqueda incluyeron combinaciones de «úlcera del pie diabético», «cuidado de enfermería», «educación del paciente», «evaluación del pie», «descarga», «manejo de heridas», «prevención de infecciones», «manejo del dolor», «nutrición», «telemedicina», «monitoreo remoto», «sensores portátiles» y «inteligencia artificial». Se consideraron guías clínicas en inglés, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, estudios observacionales y estudios de enfermería relevantes que abordaran la prevención, tratamiento o seguimiento de las UPD. Se excluyeron resúmenes de conferencias, protocolos, editoriales y estudios que no fueran directamente relevantes para el cuidado del pie diabético. La literatura se organizó en educación y monitoreo, manejo de heridas y prevención de infecciones, apoyo para el dolor y la nutrición, y monitoreo remoto y tecnologías digitales. Dado que se trató de una revisión narrativa, no se realizó una selección formal basada en PRISMA, selección por dos revisores independientes, evaluación del riesgo de sesgo ni metaanálisis.
Educación del paciente y monitoreo clínico
La educación y el monitoreo sistemático son componentes fundamentales en la prevención y detección temprana de las úlceras del pie diabético (DFU). La contribución de los profesionales de enfermería en este proceso es particularmente significativa, ya que los enfermeros frecuentemente actúan como educadores principales, monitores clínicos y defensores del paciente en personas con mayor riesgo de complicaciones del pie diabético. A través de una participación continua con el paciente, los enfermeros facilitan la traducción del conocimiento preventivo en prácticas diarias de autocuidado y aseguran la identificación temprana de cambios clínicos que podrían predisponer al paciente al desarrollo de úlceras10,11. De acuerdo con las recomendaciones actuales del Grupo Internacional de Trabajo sobre el Pie Diabético (IWGDF) y del Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención (NICE), se debe realizar una evaluación estructurada del riesgo podal al diagnosticar la diabetes, al menos anualmente a partir de entonces, cada vez que surja un nuevo problema en el pie, y durante la hospitalización o ante un cambio clínicamente importante en la condición del paciente. La frecuencia de los exámenes podales posteriores debe determinarse según la categoría de riesgo identificada, con una vigilancia más estrecha y derivación oportuna a especialistas para los pacientes con mayor riesgo de ulceración12. La educación del paciente y su familia representa un pilar fundamental en la prevención de las DFU. Las estrategias preventivas efectivas requieren un enfoque educativo integral, impartido de forma colaborativa por médicos y personal de enfermería, con el objetivo de mejorar la comprensión del paciente sobre las prácticas adecuadas de cuidado del pie y resaltar la importancia de una vigilancia atenta del mismo13,14. Para optimizar la comprensión y retención de la información, se pueden emplear múltiples modalidades educativas. Las conferencias estructuradas permiten a los profesionales de la salud presentar conceptos clave relacionados con el cuidado del pie diabético, a la vez que ofrecen oportunidades para la interacción con el paciente y la aclaración de dudas15. En conjunto, la evidencia proveniente de revisiones sistemáticas, ensayos aleatorizados y estudios cuasi-experimentales indica que las intervenciones educativas estructuradas pueden mejorar el conocimiento sobre el cuidado del pie, los comportamientos preventivos y la competencia de los profesionales de la salud involucrados en el cuidado del pie diabético. La revisión sistemática y metaanálisis de Drovandi et al. proporciona la evidencia más amplia, demostrando efectos generalmente favorables sobre el conocimiento del paciente y el comportamiento de autocuidado, con posibles reducciones en el riesgo de úlceras y amputaciones16. Monami et al. mostraron además que un programa breve que combina instrucción teórica con entrenamiento práctico supervisado puede reducir la aparición de úlceras a corto plazo en pacientes de alto riesgo17. Sin embargo, el tamaño relativamente pequeño de la muestra, el número limitado de eventos de úlceras y el seguimiento corto restringen la certeza y la generalización de este hallazgo. En contraste, Aalaa et al. demostraron una mejora en el conocimiento entre los profesionales de la salud tras un taller interactivo, pero este resultado a nivel de proveedores no establece mejoras correspondientes en la cicatrización de úlceras, su recurrencia o las tasas de amputación18. En general, los hallazgos son más consistentes respecto a mejoras en el conocimiento, las habilidades prácticas y el comportamiento de autocuidado, mientras que la evidencia sobre efectos sostenidos en los resultados clínicos sigue siendo menos concluyente debido a que las intervenciones difieren en contenido, intensidad, duración, población objetivo y seguimiento. Por lo tanto, los programas educativos deben ser prácticos, individualizados, reforzados con el tiempo e integrados con la evaluación de riesgos, el calzado y descarga adecuados, la vigilancia de heridas y el seguimiento multidisciplinario. Además, los programas educativos deben abordar varios aspectos esenciales del manejo de la salud podal. Se debe instruir a los pacientes para que realicen inspecciones diarias de sus pies, prestando especial atención a áreas difíciles de visualizar, como la superficie plantar y los espacios interdigitales19. Las prácticas adecuadas de higiene, que incluyen lavado cuidadoso, secado completo y humectación apropiada, son importantes para prevenir la ruptura de la piel y la formación de fisuras20. También es necesaria la educación sobre el cuidado seguro de las uñas, para minimizar el riesgo de traumatismos menores durante su recorte21. Además, la orientación sobre la selección adecuada de calzado es fundamental, ya que los zapatos mal ajustados pueden crear puntos de presión que predisponen al paciente a la ulceración. Asimismo, se debe capacitar a los pacientes para que reconozcan los signos tempranos de lesión tisular, como eritema, hinchazón, calor localizado o cambios en el color de la piel21,22. Además, la educación debe enfatizar la importancia de un control glucémico adecuado, ya que la hiperglucemia persistente contribuye a la neuropatía, el deterioro vascular y la cicatrización lenta de heridas23. También deben abordarse factores del estilo de vida, como la actividad física regular, la cesación del tabaquismo y una nutrición equilibrada, debido a su influencia significativa en la salud vascular y metabólica general24,25.
Para pacientes con movilidad limitada, visión deficiente u otras limitaciones funcionales, la participación familiar se convierte en un componente esencial de una atención preventiva efectiva. Por lo tanto, los proveedores de atención médica deben asegurarse de que los familiares o cuidadores reciban formación adecuada en técnicas de inspección de los pies y de que puedan reconocer signos que requieran evaluación médica inmediata. Fomentar la participación familiar en el seguimiento clínico rutinario y reforzar la importancia de evaluaciones médicas regulares fortalece aún más los esfuerzos preventivos26,27. Wantonoro et al. realizaron un estudio longitudinal para evaluar el impacto de una educación interdisciplinaria de 6 meses sobre el conocimiento y la autoeficacia de los cuidadores familiares en el cuidado de heridas diabéticas28. La intervención incluyó educación interdisciplinaria en el hogar, proporcionada dos veces por semana por profesionales de enfermería, fisioterapia, nutrición y psicología, a 16 cuidadores de pacientes con úlceras diabéticas. Después de 6 meses, los cuidadores mostraron una mejora significativa en el conocimiento sobre el cuidado de heridas y en su autoeficacia, lo que indica que el apoyo educativo interdisciplinario a largo plazo puede fortalecer la competencia del cuidador y mejorar la participación familiar en el manejo de las úlceras diabéticas28. Además de la educación, el monitoreo clínico rutinario es esencial para la identificación temprana de factores de riesgo y lesiones preulcerativas. Las enfermeras deben realizar exámenes periódicos de los pies, con una frecuencia determinada por el perfil de riesgo individual del paciente. Una evaluación completa del pie incluye típicamente la inspección de lesiones cutáneas, cambios de color, deformidades y formación de callos, así como la evaluación de la función sensitiva mediante prueba con monofilamento o diapasón29,30. El estado vascular debe evaluarse mediante la palpación de los pulsos pedios y la evaluación del tiempo de relleno capilar. También deben examinarse las anomalías estructurales, las limitaciones en la movilidad articular y las alteraciones de la marcha, ya que estos factores pueden modificar la distribución de la presión en el pie2,4. Además, es necesario evaluar el calzado para asegurar un ajuste adecuado y para identificar áreas de presión potencial que puedan predisponer al paciente a la formación de úlceras31. Cuando se requiere una evaluación adicional, varias modalidades diagnósticas pueden proporcionar mayor información sobre el estado vascular y tisular. Estas pueden incluir ultrasonido Doppler para la evaluación vascular, sensores de presión para evaluar la distribución de la presión plantar, imágenes termográficas para detectar cambios inflamatorios localizados, técnicas de Doppler láser para evaluar el flujo microcirculatorio y la medición de oxígeno transcutáneo (TcPO2) para evaluar la oxigenación tisular32,33,34. La colaboración con especialistas, incluidos podólogos, endocrinólogos y cirujanos vasculares, es a menudo necesaria para brindar un manejo integral a pacientes con mayor riesgo de complicaciones por pie diabético35,36. Además, las enfermeras desempeñan un papel importante en la educación de los pacientes sobre las técnicas correctas de administración con lápiz de insulina y en el refuerzo del cumplimiento de los regímenes de medicación y planes de tratamiento prescritos37,38. Este tipo de apoyo ayuda a garantizar un control glucémico efectivo, que sigue siendo un factor crítico para prevenir la neuropatía, el deterioro vascular y la cicatrización deficiente de heridas. Finalmente, mediante visitas de seguimiento regulares y programas estructurados de monitoreo, las enfermeras pueden detectar cambios patológicos tempranos, iniciar intervenciones preventivas oportunas y educar adicionalmente a los pacientes y sus familias antes de que se desarrolle una ulceración39.
Descarga y redistribución de la presión mecánica
La descarga es un componente fundamental en el manejo de las úlceras del pie diabético porque la sobrecarga plantar repetitiva y el estrés mecánico en los tejidos pueden perpetuar la lesión local y retrasar el cierre de la herida, incluso cuando se realiza desbridamiento, control de la infección y se aplican apósitos adecuados. Las actuales recomendaciones del Grupo Internacional de Trabajo sobre el Pie Diabético indican que un dispositivo de descarga no extraíble que llegue hasta la rodilla es el tratamiento de primera elección para úlceras neuropáticas plantares en el antepié o mediopié. Este dispositivo puede consistir en una bota de contacto total o en una bota prefabricada hasta la rodilla modificada para que no sea extraíble, eligiéndose según la deformidad del pie, la experiencia clínica, los recursos disponibles y la aceptación por parte del paciente40. Una revisión sistemática y metaanálisis recientes encontraron que los dispositivos no extraíbles aumentan la probabilidad de cicatrización de la úlcera en comparación con los dispositivos extraíbles, principalmente porque proporcionan una protección mecánica continua y reducen la posibilidad de retirar el dispositivo durante actividades con carga de peso41. Evidencia aleatorizada previa demostró asimismo una mayor eficacia curativa con el uso de botas de contacto total en comparación con modalidades de descarga menos restrictivas42. Cuando un dispositivo no extraíble hasta la rodilla está contraindicado, no está disponible o no es tolerado, puede considerarse un dispositivo de descarga extraíble hasta la rodilla o hasta el tobillo. Se debe indicar a los pacientes que utilicen el dispositivo recetado durante todas las actividades con carga de peso, incluidos breves periodos de caminata dentro del hogar. No deben utilizarse calzado convencional ni calzado terapéutico estándar como sustitutos de un dispositivo adecuado de descarga durante el tratamiento activo de una úlcera plantar40. Sin embargo, la eficacia clínica de los dispositivos extraíbles depende en gran medida del cumplimiento. El monitoreo objetivo de la actividad ha mostrado que los pacientes pueden usar las botas extraíbles durante aproximadamente solo un tercio de su actividad total con carga de peso43. El peso del dispositivo, la incomodidad, la dificultad para realizar actividades diarias, las exigencias laborales, el equilibrio deficiente y la ausencia percibida de dolor en las úlceras neuropáticas pueden contribuir a un bajo cumplimiento. Por lo tanto, la selección de un dispositivo de descarga debe considerar tanto su capacidad para aliviar la presión como la probabilidad de que el paciente lo utilice de manera constante.
El calzado terapéutico y las plantillas hechas a medida tienen un papel más destacado tras la cicatrización de la úlcera, cuando el objetivo cambia del tratamiento activo de la herida a la prevención de recurrencias. El calzado debe acomodar las deformidades estructurales, evitar fricciones excesivas y redistribuir la presión lejos de las regiones plantares previamente ulceradas o de alto riesgo. Cuando existan sistemas validados de medición de la presión dentro del calzado, el calzado o las plantillas optimizados por presión deben lograr una reducción clínicamente significativa de la presión plantar máxima. La IWGDF define un efecto comprobado de alivio de la presión como una reducción de al menos un 30 % en los puntos de alta presión en comparación con el calzado existente, o una presión plantar máxima dentro del calzado inferior a 200 kPa durante la marcha44. Hay evidencia de que el calzado terapéutico y las plantillas optimizados por presión pueden reducir la reaparición de úlceras plantares, aunque su eficacia sigue dependiendo del uso regular45. Un ensayo aleatorizado multicéntrico mostró asimismo que el beneficio preventivo del calzado hecho a medida estaba estrechamente asociado con la adherencia al uso del calzado prescrito46. Las enfermeras tienen un papel importante en el apoyo a la implementación segura y eficaz de la descarga. La educación del paciente debe explicar que la redistribución de la presión es un tratamiento activo y no un complemento opcional, y que los dispositivos extraíbles deben usarse siempre que se esté de pie o caminando. Durante el seguimiento, las enfermeras deben evaluar el ajuste del dispositivo, la estabilidad de la marcha, la movilidad, la adherencia y el estado del pie ulcerado y del pie contralateral. La piel debe inspeccionarse en busca de abrasiones, ampollas, maceración, edema, nuevas lesiones por presión o traumatismos relacionados con el dispositivo, mientras que la herida debe evaluarse en cuanto a cambios en su tamaño, exudado, inflamación e infección. Se debe instruir a los pacientes y cuidadores para que informen de cualquier dolor nuevo, cambios en el color de la piel, hinchazón progresiva, fiebre, daño del dispositivo o dificultad para caminar. Cuando la descarga sea mal tolerada, se retire repetidamente, esté asociada con nuevas lesiones o caídas, o no logre un progreso satisfactorio en la cicatrización, el equipo multidisciplinario debe reevaluar la selección del dispositivo, la redistribución de la presión plantar, la adherencia, el estado vascular, la infección y la necesidad de alternativas o descarga quirúrgica. Los dispositivos no extraíbles también requieren una precaución especial cuando sea necesario inspeccionar frecuentemente la herida debido a infección moderada, isquemia o exudado abundante40,47.
Manejo de heridas y prevención de infecciones
El manejo eficaz de heridas y el control de infecciones representan componentes centrales del tratamiento de las úlceras del pie diabético (DFU), ya que la necrosis tisular persistente, la colonización microbiana y la inmunidad del huésped comprometida retrasan significativamente la cicatrización de heridas en pacientes con diabetes19. La atención óptima requiere un enfoque estructurado que combine la evaluación regular de la herida, la desbridación adecuada, el mantenimiento de un ambiente húmedo en la herida y la identificación y tratamiento tempranos de la infección. Dentro del equipo multidisciplinario de atención de DFU, las enfermeras desempeñan un papel clave en la realización de evaluaciones rutinarias de heridas, la implementación de estrategias de vendaje basadas en evidencia y el monitoreo de signos clínicos de infección durante la atención de seguimiento48,49. La desbridación se considera un pilar fundamental del manejo de DFU porque la presencia de tejido necrótico, biopelícula y callos hiperqueratósicos aumenta la carga bacteriana y evita la formación de tejido de granulación sano. La eliminación regular del tejido desvitalizado promueve la reepitelización y reduce las respuestas inflamatorias locales50,51. Dependiendo de las características de la herida y la tolerancia del paciente, se pueden aplicar varias técnicas de desbridación, incluyendo desbridación quirúrgica o con bisturí, desbridación enzimática, métodos mecánicos y enfoques autolíticos facilitados por vendajes que retienen humedad. Entre estos métodos, la desbridación con bisturí sigue siendo la técnica más eficaz para eliminar rápidamente el tejido necrótico y controlar la infección en DFU crónicas, especialmente cuando hay una gran cantidad de esfacelo o callo51,52. Sin embargo, en pacientes con heridas isquémicas o aquellos que no toleran procedimientos agresivos, pueden preferirse enfoques menos invasivos, como la desbridación autolítica o enzimática53. Es esencial una reevaluación regular para determinar la necesidad de desbridaciones repetidas a medida que la herida avanza a través de diferentes etapas de cicatrización. Además, mantener un ambiente óptimo en la herida es otro elemento crítico del manejo de DFU. Los vendajes modernos están diseñados para mantener el equilibrio de humedad, controlar el exudado y proteger la herida de la contaminación externa54. La selección del vendaje debe individualizarse según la profundidad de la herida, el nivel de exudado y la presencia de infección55. Por ejemplo, los vendajes hidrocoloides e hidrogeles promueven la desbridación autolítica y apoyan la migración epitelial en heridas relativamente secas, mientras que los vendajes de espuma y alginato son más adecuados para úlceras altamente exudativas debido a su mayor capacidad de absorción56,57. También pueden utilizarse vendajes antimicrobianos que contienen agentes como plata o yodo para reducir la carga microbiana en heridas con riesgo de infección58,59. Es necesario un reevaluación continua de las características de la herida para ajustar las estrategias de vendaje durante el proceso de cicatrización y prevenir complicaciones asociadas con exceso de humedad o desecación (Tabla 1). En los últimos años, se han introducido varias terapias avanzadas para heridas con el fin de mejorar la cicatrización de DFU complejas. La terapia de presión negativa en heridas (NPWT) ha ganado amplia aceptación clínica porque elimina el exudado excesivo, disminuye el edema local, mejora la perfusión tisular y estimula la formación de tejido de granulación60. Estudios clínicos han demostrado que la NPWT puede acelerar el cierre de heridas y reducir el riesgo de amputación mayor en pacientes con úlceras diabéticas grandes o profundas61,62. Además, los sustitutos cutáneos bioingenierizados y las matrices dérmicas acelulares han mostrado resultados prometedores al proporcionar andamios estructurales que favorecen la migración celular y la remodelación de la matriz extracelular63,64. Las terapias basadas en factores de crecimiento, incluyendo formulaciones de factor de crecimiento derivado de plaquetas, pueden promover adicionalmente la proliferación de fibroblastos y la angiogénesis en casos seleccionados65. La selección de sustitutos cutáneos bioingenierizados, matrices dérmicas o terapias con factores de crecimiento debe basarse en una evaluación multidisciplinaria y no únicamente en decisiones de enfermería. Las enfermeras apoyan su uso seguro mediante la preparación del lecho de la herida, la aplicación o mantenimiento del tratamiento prescrito según el protocolo, la educación del paciente sobre protección y adherencia, y el monitoreo de infección, desplazamiento, exudado excesivo, reacciones alérgicas o falta de progresión de la herida. Además, la infección sigue siendo una de las complicaciones más graves de las DFU y un factor importante en la cicatrización retardada, hospitalización y amputación de extremidades inferiores66. Por lo tanto, el reconocimiento temprano y el tratamiento inmediato son esenciales (Tabla 2). Los microorganismos están comúnmente presentes en DFU abiertas; sin embargo, la colonización microbiana por sí sola no indica infección, y un cultivo positivo sin hallazgos inflamatorios clínicos correspondientes no debe interpretarse como evidencia de infección del pie diabético. La infección del pie relacionada con la diabetes sigue siendo principalmente un diagnóstico clínico basado en manifestaciones locales o sistémicas de inflamación. Según la clasificación de la IWGDF/Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América (IDSA), una úlcera se considera no infectada cuando no hay manifestaciones locales o sistémicas de infección67. Una infección leve o localizada se limita a la piel y al tejido subcutáneo y se caracteriza por al menos dos hallazgos locales, incluyendo hinchazón o induración, eritema que se extiende más de 0,5 cm pero menos de 2 cm desde el margen de la herida, dolor o sensibilidad, aumento de la temperatura local o secreción purulenta. Deben descartarse otras causas no infecciosas de inflamación, como traumatismo, gota, neuroosteoartropatía de Charcot aguda, fractura, trombosis o estasis venosa67. Una infección moderada se caracteriza por eritema que se extiende al menos 2 cm desde el margen de la herida o por la afectación de estructuras más profundas que la piel y el tejido subcutáneo, incluyendo fascia, tendón, músculo, articulación u hueso, sin manifestaciones sistémicas. Por lo tanto, la infección progresiva del tejido blando generalmente se incluye en la categoría moderada. Una infección grave se define como una infección del pie acompañada de al menos dos criterios de respuesta inflamatoria sistémica, incluyendo temperatura corporal anormal, taquicardia, taquipnea o recuento anormal de leucocitos67,68,69,70. Además, el término infección que amenaza la extremidad no es un grado de gravedad separado según IWGDF/IDSA, sino que describe una infección grave o moderada complicada asociada con gangrena extensa, infección necrotizante, absceso profundo, síndrome de compartimento, destrucción tisular rápidamente progresiva o isquemia clínicamente importante de la extremidad inferior. Estos hallazgos requieren evaluación quirúrgica y vascular urgente. La sepsis no debe considerarse sinónimo de infección grave del pie diabético; se define como disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del huésped a la infección y requiere manejo de emergencia inmediato67,71. NICE recomienda asimismo la derivación inmediata a servicios agudos ante problemas del pie diabético que amenazan la extremidad o la vida, incluyendo ulceración asociada con fiebre o sepsis, gangrena, isquemia o sospecha de infección profunda de tejidos blandos u hueso12,71. Además, cuando se sospecha clínicamente una infección, las pruebas microbiológicas deben apoyar, pero no establecer, el diagnóstico. Tras la limpieza y desbridación de la herida, una muestra de tejido recolectada asépticamente mediante curetaje o biopsia generalmente proporciona información clínica más útil que un hisopo superficial. Estudios comparativos han demostrado que la concordancia entre hisopos superficiales y muestras de tejido varía según las características de la úlcera y la gravedad de la infección, y que los hisopos superficiales podrían pasar por alto organismos clínicamente relevantes en infecciones más profundas o graves68,72,73. Por lo tanto, los hisopos superficiales no deben considerarse universalmente inaceptables, pero en general deben evitarse cuando pueda obtenerse de forma segura una muestra confiable de tejido profundo. Además, los antibióticos están indicados para DFU clínicamente infectadas, pero no deben recetarse para úlceras clínicamente no infectadas únicamente con el fin de prevenir la infección o acelerar la cicatrización. La selección de antimicrobianos debe considerar la gravedad de la infección, los patógenos probables o confirmados, la exposición previa a antibióticos, los resultados recientes de cultivos, la función renal, las interacciones medicamentosas, los perfiles de efectos adversos y los patrones locales de sensibilidad antimicrobiana12,67. Esta distinción es fundamental para la correcta utilización de antimicrobianos y reduce la exposición innecesaria a antibióticos sin comprometer el tratamiento adecuado de infecciones confirmadas.
La prevención eficaz de infecciones también depende del estricto cumplimiento de prácticas asépticas de cuidado de heridas durante el cambio de vendajes. La higiene adecuada de las manos, el uso de equipo estéril y el mantenimiento de un entorno limpio en la herida son medidas fundamentales para minimizar la contaminación bacteriana74,75. La estrecha colaboración entre enfermeros, especialistas en enfermedades infecciosas y cirujanos es esencial para garantizar la selección adecuada de antibióticos, el monitoreo de la respuesta terapéutica y la intervención quirúrgica oportuna cuando sea necesario76,77. Los enfermeros apoyan el manejo de infecciones basado en guías mediante el monitoreo de signos locales y sistémicos de infección, la facilitación de la recolección adecuada de muestras, la administración de la terapia antimicrobiana prescrita, la evaluación de la respuesta al tratamiento y sus efectos adversos, la documentación del progreso de la herida y la notificación inmediata del deterioro clínico a los servicios de enfermedades infecciosas, vasculares, quirúrgicos o multidisciplinarios para el pie diabético. La documentación regular del tamaño, profundidad, características del exudado y estado del tejido circundante permite la detección temprana del deterioro clínico y facilita la modificación oportuna de las estrategias de tratamiento78.
Manejo del dolor y soporte nutricional
El dolor asociado con las úlceras del pie diabético (DFUs) frecuentemente no se reconoce ni se trata adecuadamente, a pesar de su impacto significativo en la calidad de vida del paciente, la movilidad y la adherencia al tratamiento. El dolor en pacientes con DFUs debe evaluarse según su mecanismo subyacente, ya que el dolor neuropático, nociceptivo, isquémico y relacionado con infección tiene diferentes implicaciones clínicas y requisitos de manejo79. La intensidad del dolor por sí sola puede ser insuficiente; la evaluación también debe considerar la calidad del dolor, su localización, momento de aparición, factores desencadenantes, relación con la marcha o los procedimientos de cuidado de la herida, y hallazgos neurológicos, vasculares o inflamatorios asociados. La presencia de neuropatía periférica puede reducir la sensación protectora y enmascarar una isquemia o infección clínicamente importante; por lo tanto, la ausencia de dolor intenso no descarta una patología grave del pie44,79. El dolor neuropático suele presentarse como ardor, hormigueo, punzadas, sensación similar a una descarga eléctrica, alodinia o hiperalgesia, y puede coexistir con entumecimiento y pérdida de la sensación protectora. El manejo debe individualizarse según la gravedad de los síntomas, comorbilidades, interacciones medicamentosas y riesgos de efectos adversos. Las clases farmacológicas recomendadas incluyen gabapentinoides, inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina, antidepresivos tricíclicos y bloqueadores de canales de sodio. Los opioides no deben usarse de forma rutinaria para la neuropatía diabética dolorosa debido a su perfil desfavorable de beneficios y riesgos a largo plazo80. La guía actualizada de la Academia Americana de Neurología respalda estas clases de medicamentos, haciendo hincapié en la selección individualizada del tratamiento80. Además, el dolor nociceptivo de la herida resulta de la lesión tisular y la inflamación local, y puede describirse como dolor sordo, palpitante, agudo o sensible al tacto. Puede ocurrir de forma continua o ser provocado por el retiro del vendaje, la limpieza de la herida, la desbridación, la presión o el movimiento. El manejo debe combinar analgesia adecuada con técnicas de vendaje no traumáticas, manipulación suave de la herida, preparación previa a procedimientos dolorosos y reevaluación del dolor durante y después del tratamiento. Un aumento sustancial del dolor previamente estable en la herida debe llevar a evaluar la posibilidad de infección, isquemia, lesión relacionada con la presión u otra complicación subyacente, en lugar de aumentar automáticamente la terapia analgésica79,81. El dolor isquémico en reposo debe considerarse en pacientes con dolor persistente en el pie o antepié en reposo, especialmente cuando se acompaña de ausencia de pulsos, frialdad, palidez, relleno capilar retardado, necrosis tisular, gangrena o deterioro de la úlcera. La neuropatía periférica puede atenuar los síntomas isquémicos típicos, por lo que la enfermedad vascular no debe descartarse únicamente por la ausencia o leve intensidad del dolor. El dolor nuevo en reposo o la evidencia clínica de isquemia grave requieren evaluación vascular inmediata y consideración de la revascularización; la analgesia debe proporcionar comodidad, pero no debe retrasar la evaluación vascular definitiva44,82. Asimismo, el dolor relacionado con infección puede presentarse como aumento de la sensibilidad o dolor nuevo o empeorado, acompañado de eritema, calor, hinchazón, secreción purulenta, exudado creciente, mal olor, deterioro de la herida o manifestaciones sistémicas. Sin embargo, el dolor y otros hallazgos inflamatorios pueden estar disminuidos por la neuropatía, la enfermedad arterial periférica o la disfunción inmunitaria. Por lo tanto, la infección debe evaluarse clínicamente utilizando la presentación local y sistémica completa, y no únicamente la intensidad del dolor. La sospecha de infección diseminada, afectación de tejidos profundos, deterioro sistémico o infección grave requiere evaluación y tratamiento urgentes multidisciplinarios67. La guía de IWGDF/IDSA identifica el dolor o la sensibilidad como una posible manifestación local, destacando que la gravedad de la infección y los hallazgos sistémicos guían la intensificación del tratamiento67. El tratamiento analgésico debe seleccionarse según el mecanismo subyacente del dolor y el perfil clínico del paciente. En adultos mayores, los antiinflamatorios no esteroideos sistémicos, cuando se consideran para el dolor nociceptivo, inflamatorio o relacionado con procedimientos, deben usarse con precaución, ya que las reducciones relacionadas con la edad en la reserva renal, la multimorbilidad y la polifarmacia aumentan los riesgos de hemorragia gastrointestinal, lesión renal aguda, retención de líquidos, hipertensión y complicaciones cardiovasculares. Antes del tratamiento, deben revisarse la función renal, el riesgo cardiovascular y gastrointestinal, y los medicamentos concomitantes; cuando sea necesario usar un antiinflamatorio no esteroideo (AINE), debe emplearse la dosis más baja eficaz durante el tiempo más corto apropiado, con protección gastrointestinal y monitoreo clínico cuando esté indicado83,84. Las enfermeras desempeñan un papel importante en la diferenciación de estos patrones de dolor mediante la documentación de la intensidad y calidad del dolor, la identificación de desencadenantes relacionados con procedimientos y actividades, la evaluación de la pérdida sensorial, la inspección de la herida y los tejidos circundantes, y el monitoreo de hallazgos vasculares y sistémicos. El dolor nuevo o que empeora rápidamente, el dolor isquémico en reposo, el dolor inesperado durante la descarga de presión, la sospecha de infección o el dolor asociado con deterioro clínico deben notificarse de inmediato al equipo multidisciplinario de pie diabético, vascular, de enfermedades infecciosas o quirúrgico81,85.
Sin embargo, las intervenciones no farmacológicas pueden complementar aún más las estrategias farmacológicas de manejo del dolor. El estrés psicológico, la ansiedad y la depresión son comunes entre los pacientes con heridas crónicas y pueden amplificar la percepción del dolor86. Se ha demostrado que intervenciones como la terapia de relajación, la reducción de estrés basada en la atención plena y la terapia cognitivo-conductual mejoran los mecanismos de afrontamiento y reducen el malestar relacionado con el dolor en pacientes con enfermedades crónicas87,88,89,90. También se ha reportado que la narrativa enfermera y las estrategias de comunicación centradas en el paciente fortalecen las relaciones terapéuticas y mejoran el apoyo emocional durante el tratamiento prolongado de heridas. Por lo tanto, la integración de estos enfoques de apoyo en la atención de enfermería habitual puede contribuir a una mejor experiencia general del paciente y a una mayor adherencia al tratamiento87,88,89,90. El cuidado nutricional para pacientes con UDM debe comenzar con una evaluación nutricional estructurada en lugar de una suplementación rutinaria. La evaluación debe realizarse en la valoración inicial y repetirse ante deterioro clínico, cicatrización prolongada de heridas, reducción de la ingesta alimentaria, pérdida de peso involuntaria, infecciones recurrentes u hospitalización. La evaluación debe considerar cambios recientes de peso, índice de masa corporal, ingesta dietética, apetito, pérdida muscular, estado funcional, carga de enfermedad, problemas gastrointestinales u orales y acceso a alimentos adecuados. Los pacientes identificados con riesgo nutricional deben someterse a una evaluación más completa realizada por un clínico o dietista debidamente capacitado, utilizando enfoques establecidos como la Evaluación Subjetiva Global o los criterios de la Iniciativa Global de Liderazgo sobre Desnutrición91,92,93. La desnutrición es común entre los pacientes con UDM y se ha asociado con una cicatrización deficiente de heridas y hospitalizaciones prolongadas, lo que respalda la importancia de su identificación y tratamiento tempranos92,93. En pacientes con desnutrición confirmada o alto riesgo nutricional, el manejo debe centrarse en la corrección individualizada de la insuficiencia proteico-calórica, el mantenimiento de una hidratación adecuada, la corrección de deficiencias nutricionales documentadas y el manejo de factores que limitan la ingesta alimentaria. Siempre que sea factible, debe priorizarse un plan dietético basado en alimentos, mientras que los suplementos nutricionales orales pueden considerarse cuando la ingesta dietética por sí sola no sea suficiente para satisfacer los requerimientos evaluados del paciente. La derivación a un dietista es particularmente adecuada para pacientes con ingesta persistentemente baja, pérdida de peso involuntaria, restricciones dietéticas, enfermedad renal o hepática, dificultades para tragar o problemas gastrointestinales, o requerimientos metabólicos complejos. El control glucémico debe coordinarse con el cuidado nutricional, ya que dietas excesivamente restrictivas podrían comprometer aún más la ingesta de energía y proteínas. Aunque la hiperglucemia se ha asociado con un mayor riesgo de amputación de extremidades inferiores, la evidencia observacional disponible no ha demostrado que un control glucémico más intensivo acelere directamente la cicatrización de úlceras23,94. Las heridas crónicas se caracterizan por una inflamación sostenida y mayores demandas metabólicas, lo que puede aumentar el recambio proteico y los requerimientos nutricionales. La disponibilidad adecuada de energía y proteínas favorece la síntesis de colágeno, la función inmunitaria y la reparación de tejidos, mientras que las vitaminas A y C, el zinc, ciertos aminoácidos y los ácidos grasos omega-3 participan en vías biológicas relevantes para la cicatrización de heridas95,96,97,98,99,100. Sin embargo, estos roles fisiológicos por sí solos no demuestran que la suplementación rutinaria mejore los resultados en UDM. La suplementación dirigida debe distinguirse de la optimización nutricional general. La evidencia actual no respalda la administración rutinaria de arginina, glutamina, zinc, vitaminas A o C, ácidos grasos omega-3 u otros micronutrientes a todos los pacientes con UDM. Una revisión Cochrane concluyó que los efectos de las intervenciones nutricionales sobre la cicatrización de UDM permanecen inciertos, ya que los estudios disponibles eran pequeños y proporcionaban evidencia de baja o muy baja certeza101. La guía de 2023 sobre cicatrización de heridas del IWGDF recomienda asimismo no utilizar suplementos farmacológicos de vitaminas, oligoelementos o proteínas únicamente para mejorar los resultados de cicatrización más allá de la atención estándar102. En un ensayo aleatorizado, la suplementación con arginina, glutamina y β-hidroxi-β-metilbutirato no mejoró la cicatrización en la población total del estudio, aunque hallazgos exploratorios en subgrupos sugirieron un posible beneficio en pacientes con niveles bajos de albúmina o perfusión deficiente de la extremidad103. Por lo tanto, los suplementos específicos solo deben considerarse tras una evaluación individualizada que identifique desnutrición, ingesta insuficiente, deficiencia documentada o fuertemente sospechada, u otra indicación clínica clara. El monitoreo regular del estado nutricional durante la atención de seguimiento es igualmente importante. Las enfermeras suelen ser responsables de evaluar la ingesta dietética, monitorear los cambios de peso corporal y reforzar la adherencia a las recomendaciones nutricionales104. A través de evaluaciones continuas y educación al paciente, los profesionales de enfermería pueden ayudar a garantizar que las intervenciones nutricionales se mantengan alineadas con las necesidades metabólicas y clínicas cambiantes de los pacientes con UDM105,106. Al integrar un manejo eficaz del dolor con apoyo nutricional y psicológico dirigido, los proveedores de atención sanitaria pueden crear un entorno fisiológico más favorable para la cicatrización de heridas y, en última instancia, mejorar los resultados clínicos en personas afectadas por esta complicación difícil de la diabetes (Figura 2).
Aplicación de la tecnología y monitoreo remoto
Las tecnologías de salud digital y los sistemas de monitoreo remoto están transformando cada vez más el manejo de las UDM al permitir una vigilancia continua del paciente, la detección temprana de complicaciones y una mejor coordinación de la atención fuera de los entornos clínicos tradicionales107,108. Dado que las UDM requieren seguimiento a largo plazo y evaluaciones frecuentes de la herida, las plataformas de monitoreo remoto ofrecen una estrategia prometedora para mejorar el acceso a la atención, especialmente para pacientes con limitaciones de movilidad o que viven en regiones geográficamente alejadas. Desde una perspectiva de enfermería, estas tecnologías facilitan la evaluación continua de la evolución de la herida, apoyan la toma oportuna de decisiones clínicas y mejoran la comunicación entre pacientes y proveedores de atención médica (Figura 3)109,110,111. La telemedicina ha surgido como uno de los enfoques digitales más ampliamente implementados para el manejo de las UDM. A través de consultas por video, imágenes digitales de heridas e integración con historias clínicas electrónicas, los clínicos pueden evaluar remotamente las características de la herida, monitorear el cumplimiento del tratamiento e identificar signos tempranos de infección o deterioro112,113. La evidencia de ensayos clínicos sugiere que la telemedicina puede proporcionar un método alternativo de seguimiento para pacientes adecuadamente seleccionados, más que un tratamiento superior. En un ensayo aleatorizado por conglomerados de no inferioridad, el seguimiento apoyado por telemedicina, realizado mediante enfermeras comunitarias y consultas especializadas, logró un tiempo de curación comparable al seguimiento convencional ambulatorio114. Una revisión sistemática concluyó de manera similar que los ensayos disponibles mostraron resultados de curación ampliamente comparables, aunque la evidencia sobre ahorros de costos y beneficios clínicos más amplios seguía siendo insuficiente115. Por lo tanto, la telemedicina puede mejorar el acceso y la continuidad del monitoreo, particularmente en entornos geográficamente desatendidos, pero no debe reemplazar el examen directo cuando se sospecha infección, isquemia, afectación de tejidos profundos o deterioro rápido. Además, las tecnologías portátiles de monitoreo representan otra área de rápido crecimiento en la prevención y el manejo de las UDM. Las plantillas inteligentes y los sensores portátiles pueden medir continuamente la distribución de la presión plantar, la temperatura del pie, la dinámica de la marcha y los niveles de humedad. Dado que la presión plantar anormal y la inflamación localizada frecuentemente preceden a la formación de úlceras, estos sistemas permiten la identificación temprana de condiciones de alto riesgo116,117,118,119. Se ha demostrado que los sistemas de plantillas inteligentes que proporcionan retroalimentación en tiempo real ayudan a los pacientes a modificar la distribución del peso durante la marcha, reduciendo así el estrés mecánico en las regiones plantares vulnerables29. De manera similar, las tecnologías de monitoreo de temperatura, como calcetines con sensores e alfombrillas termométricas inalámbricas, pueden detectar aumentos de temperatura localizados que a menudo ocurren varias semanas antes de que la ulceración clínica sea evidente120. Frykberg et al. informaron que el monitoreo remoto de la temperatura plantar mediante una alfombrilla termométrica inalámbrica logró una sensibilidad del 97 % para detectar UDM inminentes con un umbral de asimetría térmica de 2,22 ᵒC, con un tiempo promedio de anticipación de aproximadamente 5 semanas, destacando su potencial para la detección temprana en pacientes de alto riesgo121. Las tecnologías portátiles y de monitoreo remoto también deben interpretarse según su nivel de validación. La plantilla inteligente con sensores de presión evaluada por Abbott et al. mostró una reducción en la recurrencia de úlceras plantares, pero el estudio fue diseñado explícitamente como una investigación aleatorizada de prueba de concepto y requiere confirmación en poblaciones más grandes y diversas29. De manera similar, el ensayo aleatorizado DIATEMP encontró que el monitoreo domiciliario de la temperatura no redujo significativamente la recurrencia en los sitios monitoreados ni en los adyacentes en comparación con la atención habitual, a menos que los pacientes respondieran a las anomalías térmicas reduciendo su actividad ambulatoria122. Por lo tanto, estas tecnologías proporcionan información complementaria más que intercambiable: las plantillas con sensores de presión identifican principalmente cargas mecánicas anormales y pueden ser particularmente útiles cuando la redistribución de la presión y los riesgos relacionados con la marcha son las principales preocupaciones, mientras que los sistemas termométricos detectan asimetrías térmicas que podrían indicar cambios inflamatorios tempranos. Desde una perspectiva de enfermería, la selección del dispositivo debe considerar los factores de riesgo predominantes del paciente, su capacidad para usar la tecnología de manera consistente y su habilidad para responder adecuadamente a hallazgos anormales. Las enfermeras pueden reforzar el cumplimiento, relacionar las alertas generadas por los dispositivos con hallazgos clínicos y facilitar una escalada oportuna cuando las anomalías persistan o se sospeche deterioro clínico29,122.
Los recientes avances en inteligencia artificial (IA) y aprendizaje automático están ampliando aún más las capacidades de los sistemas digitales de monitoreo de heridas. Los algoritmos de análisis de imágenes basados en IA pueden evaluar fotografías de heridas capturadas mediante teléfonos inteligentes o cámaras digitales para evaluar automáticamente el tamaño de la úlcera, las características del tejido y el progreso de la cicatrización123. Los modelos de aprendizaje automático también pueden integrar múltiples variables clínicas, incluyendo las características de la herida, las comorbilidades del paciente y el historial de tratamientos, con el fin de estimar la probabilidad de cicatrización e identificar a los pacientes con mayor riesgo de complicaciones124. Basiri et al. desarrollaron un marco temporal de aprendizaje automático utilizando metadatos clínicos recopilados rutinariamente de 268 pacientes con 329 UDM, logrando una precisión de predicción del 78 % y un área bajo la curva de la característica operativa del receptor (AUC) de 0,90 para la clasificación de la trayectoria de cicatrización en la próxima visita125. Sin embargo, el estudio fue retrospectivo y monocéntrico, careció de validación externa independiente e incluyó desequilibrio de clases, lo que indica que su desempeño requiere confirmación en poblaciones más grandes, prospectivas y multicéntricas antes de su implementación clínica125. Wang et al. desarrollaron un modelo basado en aprendizaje automático para predecir el riesgo de UDM en pacientes con diabetes tipo 2 y oclusión arteriosclerótica de extremidades inferiores, y reportaron un alto desempeño discriminatorio126. No obstante, el diseño retrospectivo introduce un posible sesgo informativo, el modelo no ha demostrado ser generalizable a entornos de atención primaria y la dependencia de registros médicos documentados rutinariamente podría haber excluido predictores relevantes126. Estos hallazgos respaldan el potencial de los enfoques de aprendizaje automático para la evaluación y el monitoreo del riesgo de UDM, pero su papel en la toma de decisiones clínicas y de enfermería rutinarias sigue dependiendo de la validación prospectiva y la evaluación en diversos entornos clínicos. Además, las aplicaciones de salud móvil (mHealth) representan otro componente importante en el manejo digital de la UDM. Estas plataformas permiten a los pacientes registrar imágenes de heridas, hacer un seguimiento de los síntomas, recibir recordatorios de medicación y acceder a recursos educativos relacionados con el cuidado del pie y el manejo de la diabetes127. Las herramientas de mHealth también pueden facilitar la comunicación bidireccional entre pacientes y proveedores de salud, permitiendo que enfermeras y médicos proporcionen retroalimentación oportuna y ajusten los planes de tratamiento cuando sea necesario128,129. Otra innovación tecnológica relevante para la atención de la UDM es la integración de sistemas de monitoreo remoto con tecnologías más amplias de manejo de la diabetes, como el monitoreo continuo de glucosa (CGM)130. Aunque los dispositivos CGM no monitorean directamente la salud del pie, un mejor control glucémico logrado mediante el monitoreo en tiempo real de la glucosa desempeña un papel fundamental en la prevención de la neuropatía, el deterioro vascular y la cicatrización retardada de heridas131. Zivkovic et al. analizaron datos del mundo real de 1.271 personas con diabetes tipo 1 y tipo 2 que utilizaban la aplicación móvil de salud mySugr y encontraron que la transición del autormonitoreo de la glucemia al CGM en tiempo real mejoró significativamente el control glucémico, incluyendo reducciones en los niveles medios de glucosa y en la variabilidad glucémica, junto con un mayor tiempo dentro del rango glucémico objetivo132. Al apoyar el autormonitoreo diario y reforzar comportamientos preventivos, estas herramientas digitales podrían contribuir a reducir la recurrencia de las UDM. No obstante, la telemedicina, los sensores portátiles, las plataformas de salud móvil y la evaluación asistida por inteligencia artificial deben complementar, y no sustituir, el examen clínico regular, la evaluación de riesgos guiada por protocolos, la descarga adecuada, la evaluación de infecciones y vascularización, y las vías establecidas de derivación multidisciplinaria. A pesar del gran potencial de las tecnologías de monitoreo remoto, persisten varios desafíos respecto a su implementación generalizada en la práctica clínica habitual. Problemas relacionados con la seguridad de los datos, la interoperabilidad entre plataformas digitales, el costo de los dispositivos y el acceso desigual a la infraestructura digital podrían limitar su adopción en ciertos entornos de atención sanitaria133. Además, una implementación exitosa requiere capacitación adecuada del paciente y un compromiso sostenido con los dispositivos de monitoreo134. Las salidas de la IA y del aprendizaje automático deben apoyar, y no sustituir, el juicio clínico de enfermería y multidisciplinario. Las enfermeras contribuyen asegurando la calidad de las imágenes de heridas y de los datos clínicos, interpretando las alertas en relación con los síntomas del paciente y los hallazgos de la herida, comunicando los resultados al equipo clínico más amplio y escalando casos sospechosos de infección, isquemia o deterioro. Las decisiones clínicas no deben basarse únicamente en una predicción automatizada. Además, las enfermeras desempeñan un papel clave para abordar estos desafíos mediante la educación de los pacientes sobre el uso de herramientas digitales, la interpretación de datos clínicos generados de forma remota y la garantía de un seguimiento adecuado.
Dentro del contexto sanitario chino, las enfermeras pueden apoyar la implementación de cuidados del pie diabético según las directrices mediante la evaluación estandarizada del riesgo, la educación del paciente y los cuidadores, la vigilancia de heridas y la piel, la promoción del cumplimiento de la descarga de presión, el monitoreo de antimicrobianos y la coordinación de derivaciones entre atención primaria, clínicas especializadas y servicios multidisciplinarios para el pie diabético. Estas responsabilidades son coherentes con las recomendaciones nacionales que enfatizan la colaboración multidisciplinaria y el desarrollo de vías jerárquicas para el cuidado del pie diabético135.