El sistema de imagen de alto contenido sirve como una herramienta fundamental en la investigación científica moderna, permitiendo la adquisición de imágenes a alta velocidad y la evaluación multiparamétrica de células dañadas o indemnes1,2,3. Desempeña un papel insustituible en diversas disciplinas. En el campo de las ciencias de la vida, ayuda a los investigadores a explorar el mundo microscópico de células y tejidos4,5. Por ejemplo, la detección precisa de moléculas y estructuras marcadas con fluorescencia dentro de las células permite visualizar claramente las estructuras finas celulares y sus cambios dinámicos6. En la investigación en neurociencia, puede realizar imágenes tridimensionales de neuronas, facilitando el análisis de las conexiones complejas y los mecanismos de transducción de señales en las redes neuronales, y aportando pistas fundamentales para comprender las funciones cerebrales y la patogénesis de enfermedades neurológicas7,8,9.
A pesar de las ventajas significativas de la tecnología del sistema de imágenes de alto contenido, aún persisten varios problemas en su proceso de obtención de imágenes. En la etapa de preparación de muestras, existe un alto grado de subjetividad. En la preparación de muestras biológicas, procesos como el manejo celular y la tinción carecen de estándares adecuados. En cuanto a los parámetros de imagen, hay diferencias notables en los tiempos de exposición y en la selección de placas de pocillos entre laboratorios y modelos de microscopios de alto contenido. En la fase de procesamiento de datos, existe una falta de estandarización, desde la reducción del ruido y el ajuste del contraste de las imágenes crudas hasta la identificación de parámetros y la determinación de características objetivo. Estos problemas conducen directamente a sesgos en los resultados de las imágenes microscópicas, provocando una crisis de reproducibilidad.