El uso de internet se ha convertido en una parte habitual de la vida universitaria, incluyendo el trabajo académico, la comunicación social, el entretenimiento, la búsqueda de información y la regulación emocional. Por esta razón, el comportamiento de los estudiantes en internet no debería interpretarse simplemente como exposición a la pantalla o tiempo en línea. Evidencias previas mostraron que el uso problemático de internet ya era observable en poblaciones juveniles y universitarias antes de que el entorno actual basado en plataformas móviles se volviera altamente saturado1. Estudios más recientes realizados en universidades indican además que el uso problemático de internet es lo suficientemente común como para requerir una evaluación sistemática en lugar de una descripción informal2.
Los estudiantes universitarios representan una población particularmente relevante para la evaluación estandarizada porque la presión académica, la transición social, la vida independiente y la autonomía creciente suelen ocurrir en la misma etapa de desarrollo. Estas exigencias se gestionan frecuentemente mediante los mismos dispositivos y plataformas digitales que también pueden volverse difíciles de regular. Una revisión metaanalítica mostró que el uso problemático de internet entre estudiantes se asocia con múltiples resultados relacionados con la salud mental, lo que respalda su interpretación como una preocupación conductual y psicológica más amplia, y no como un problema limitado al uso de la tecnología3. El estrés percibido también se ha relacionado con patrones de adicción a internet entre estudiantes universitarios, lo que sugiere que las presiones emocionales y contextuales deben considerarse al diseñar estudios basados en cuestionarios en este campo4.
El presente protocolo utiliza el término «adicción a internet» cuando se refiere específicamente al constructo medido por la prueba de adicción a internet y sus categorías establecidas de puntuación. El término más amplio «uso problemático de internet» se emplea al discutir la literatura más extensa sobre comportamientos relacionados con internet que son desadaptativos, excesivos o que afectan funcionalmente. «Uso compulsivo de internet» se utiliza únicamente cuando la literatura citada enfatiza la pérdida de control, los impulsos o el uso repetitivo a pesar de las consecuencias negativas. Por lo tanto, estos términos están relacionados, pero no se consideran completamente intercambiables. Cuando el protocolo se implementa con la Prueba de Adicción a Internet, se mantiene el término «adicción a internet» como terminología específica del instrumento; cuando se utilizan instrumentos alternativos o revisados, la terminología debe ajustarse a las etiquetas del constructo y a las suposiciones diagnósticas del instrumento seleccionado.
La regulación emocional proporciona un punto de entrada psicológico plausible para comprender por qué algunos estudiantes pasan de un uso frecuente del internet a un uso inadecuado del mismo. Un estudio prospectivo de un año mostró que la dificultad en la regulación emocional estaba relacionada tanto con la aparición posterior como con la remisión de la adicción al internet entre estudiantes universitarios5. Este hallazgo es importante para el diseño de protocolos porque la regulación emocional no es simplemente un correlato adicional; podría influir en la forma en que los estudiantes utilizan el internet para evitar, reducir o manejar el malestar. Al mismo tiempo, el funcionamiento social sigue siendo relevante. El uso problemático del internet se ha asociado con las habilidades sociales entre estudiantes universitarios, lo que indica que los factores interpersonales y emocionales deben evaluarse junto con las variables relacionadas con el uso digital6. Durante el período de la COVID-19, el uso problemático del internet también coexistió con dificultades psicológicas más amplias entre estudiantes universitarios chinos, lo que respalda aún más la necesidad de evaluaciones estructuradas en entornos universitarios7.
Un desafío adicional es que el comportamiento digital es heterogéneo. Los estudiantes pueden utilizar plataformas digitales para estudiar, mantener contacto social, entretenerse, buscar información sobre salud o aliviar temporalmente sus emociones, y no todo uso frecuente es perjudicial. Una revisión sistemática sobre el uso digital relacionado con la salud mental en estudiantes universitarios mostró que la interacción digital puede cumplir múltiples funciones psicológicas8. Por lo tanto, el campo necesita procedimientos que distingan el uso frecuente ordinario del uso problemático o desregulado. Evidencia reciente sobre el uso problemático del teléfono inteligente en estudiantes universitarios sugiere asimismo que el riesgo depende del patrón conductual, la función y el contexto, y no solo de la duración9. Por esta razón, el presente protocolo combina la duración del uso de internet, el uso durante la noche, la actividad en línea principal y una puntuación estandarizada de síntomas, en lugar de basarse en un único indicador de exposición.
La medición es otra fuente importante de inconsistencia. La prueba de adicción a internet sigue siendo uno de los instrumentos más utilizados para evaluar los síntomas de adicción a internet, pero su dimensionalidad y su interpretación han variado según el contexto. Evidencia psicométrica sistemática indica que el instrumento ha sido ampliamente utilizado, aunque continúan surgiendo preguntas sobre la estructura factorial y la interpretación de la puntuación10. Se han reportado preocupaciones similares en muestras de estudiantes universitarios, donde el uso generalizado de la escala no resolvió por completo la incertidumbre acerca del constructo que se mide11. Estudios de validación en poblaciones universitarias de habla hispana y peruana también muestran que el instrumento puede funcionar adecuadamente, pero que su comportamiento psicométrico debe considerarse dentro de la población objetivo en la que se aplica12,13.
Por lo tanto, el protocolo está diseñado para ser estable en el flujo de trabajo, pero adaptable en la selección de instrumentos. La prueba de adicción a Internet se utiliza aquí debido a su uso histórico, a los umbrales disponibles y a su comparabilidad con investigaciones previas en estudiantes universitarios. Sin embargo, el protocolo no exige que la prueba de adicción a Internet permanezca como el instrumento preferido indefinidamente. Si los marcos diagnósticos evolucionan o si nuevos instrumentos resultan más apropiados para una población específica, se puede mantener el mismo flujo de trabajo reemplazando el módulo específico de la escala, el rango de puntuaciones, los umbrales de gravedad, las entradas del código de códigos y la documentación README. Cualquier reemplazo de este tipo debe realizarse antes de comenzar la recolección formal de datos y debe reportarse como una modificación del protocolo, y no como un cambio analítico ad hoc.
El problema metodológico abordado por este artículo no es simplemente que los estudios sobre adicción a internet y regulación emocional lleguen a conclusiones diferentes. Más bien, muchos estudios difieren en cuanto al orden de los cuestionarios, los criterios de elegibilidad, la configuración de la plataforma de encuestas, el manejo de respuestas duplicadas, los procedimientos de verificación de atención, los umbrales de tiempo de finalización, las reglas para datos faltantes, la verificación de puntuaciones y la presentación de archivos listos para el análisis. Estas diferencias dificultan la comparación, reproducción e inclusión de los resultados en futuras síntesis de evidencia. El presente protocolo responde a esta brecha al establecer de forma fija la secuencia de aplicación, la lógica de cribado, la estructura de puntuación y la ruta analítica, de manera que pueda repetirse, auditarse y modificarse de forma transparente. Por lo tanto, su contribución es orientada al protocolo: proporciona un flujo de trabajo reproducible para estudios observacionales en ciencias del comportamiento y evaluaciones psicológicas en poblaciones universitarias, en lugar de proponer un nuevo constructo psicológico o presentar un estudio de prevalencia como resultado principal.