La disfunción autónoma es una característica común y clínicamente significativa de las enfermedades neurodegenerativas, incluyendo la enfermedad de Parkinson y la atrofia multisistémica, y su evaluación desempeña un papel importante en el diagnóstico diferencial, fenotipificación, evaluación de la gravedad de la enfermedad y predicción del pronóstico1,2. Entre las manifestaciones autónomas, la afectación cardiovascular tiene una importancia clínica particular, siendo la hipotensión ortostática (OH) un rasgo clave. En pacientes con enfermedades neurodegenerativas, la OH se asocia con un mayor riesgo de caídas, síncope y deterioro cognitivo, lo que subraya la necesidad de una evaluación precisa y reproducible3,4.
La prueba de inclinación en posición erecta (HUT) se utiliza ampliamente como método estándar para evaluar la hipotensión ortostática (OH). Según el perfil temporal tras el cambio postural, la OH se subclasifica en hipotensión ortostática inicial (inmediata), hipotensión ortostática clásica e hipotensión ortostática tardía. Además de las respuestas de la presión arterial, la evaluación de los cambios en la frecuencia cardíaca durante la prueba de inclinación permite aplicar este test al diagnóstico del síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS) (Tabla 1)5,6. A diferencia de la hipotensión ortostática neurogénica, que comúnmente se asocia con enfermedades neurodegenerativas, el POTS afecta típicamente a individuos más jóvenes y rara vez se relaciona con estos trastornos. Además, el análisis de la relación entre las respuestas de la frecuencia cardíaca y la magnitud de la reducción de la presión arterial proporciona información clínicamente útil para distinguir la OH neurogénica de la OH no neurogénica5,7.
Otros métodos para evaluar la función autónoma cardiovascular incluyen la prueba de ortostatismo activo (prueba de Schellong), la maniobra de Valsalva y la prueba de respiración profunda. La prueba de ortostatismo activo es particularmente útil para evaluar las respuestas de la presión arterial ortostática, incluyendo la hipotensión ortostática inicial, mientras que la maniobra de Valsalva y la prueba de respiración profunda evalúan principalmente la función autónoma y dependen más de la cooperación activa del sujeto y de las condiciones del examen.
En contraste, la prueba de inclinación proporciona un desafío ortostático pasivo y estandarizado, lo que permite un control estricto de las condiciones de evaluación y una valoración altamente reproducible de las respuestas autónomas cardiovasculares. Aunque la prueba de inclinación es conceptualmente sencilla —evaluar las respuestas de la presión arterial durante la transición pasiva de la posición supina a la posición erecta—, deben considerarse cuidadosamente varios factores metodológicos para garantizar resultados fiables y reproducibles. Estos incluyen las influencias ambientales sobre la función autónoma y la interpretación adecuada de las señales continuamente fluctuantes de la presión arterial. Tales consideraciones son particularmente importantes en pacientes con enfermedades neurodegenerativas, quienes suelen ser mayores y susceptibles a condiciones comórbidas y efectos relacionados con medicamentos.
En este artículo en video, presentamos un protocolo HUT estandarizado y práctico para evaluar la disfunción autonómica cardiovascular en enfermedades neurodegenerativas. Ofrecemos orientaciones detalladas sobre el momento del test, el control del entorno de prueba, consideraciones dietéticas previas al examen y el monitoreo continuo e invasivo de la presión arterial. Se describen en detalle parámetros procedimentales clave, como el ángulo de la mesa basculante, la velocidad de elevación y la duración del monitoreo de la presión arterial, junto con precauciones esenciales para garantizar la seguridad del paciente durante el examen.
La prueba de pie activo se utiliza ampliamente para evaluar las respuestas de la presión arterial ortostática y es particularmente útil para valorar la hipotensión ortostática inicial5. Cuando no se dispone de una mesa basculante, también puede servir como un método alternativo para evaluar la hipotensión ortostática8,9,10. Aunque la prueba de pie carece de un protocolo estrictamente estandarizado, está estrechamente relacionada con la prueba de inclinación (HUT) y se utiliza ampliamente en la práctica clínica. Por lo tanto, en la segunda parte de este artículo en video se demuestra brevemente su procedimiento general e interpretación.
A través de estas demostraciones, pretendemos promover la adopción de un protocolo de TUT estandarizado, reproducible y aplicable clínicamente, que pueda implementarse de manera consistente en entornos clínicos e investigativos. Se espera que dicha estandarización mejore la comparabilidad entre estudios y potencie la evaluación de la disfunción autonómica cardiovascular en pacientes con enfermedades neurodegenerativas.