La piel es el órgano más grande del cuerpo, que cubre y protege el cuerpo de los peligros. Tiene tres capas distintas: epidermis, dermis e hipodermis. Cada capa tiene sus funciones únicas: la epidermis evita la deshidratación y la invasión microbiana; La dermis tiene una rica red de células y una matriz extracelular que proporciona resistencia a la tracción y elasticidad1; La capa dérmica contiene los receptores sensoriales, los folículos pilosos, las glándulas y los vasos para las redes linfáticas y capilares. La hipodermis o tejido subcutáneo, con su abundancia de tejido adiposo, contornea el cuerpo y distribuye el estrés mecánico 2,3,4.
La radiación, generada como resultado de accidentes, guerras, terrorismo o aplicaciones terapéuticas, penetra a través del cuerpo de una naturaleza lineal y progresiva, lo que hace que la piel sea el primer órgano en entrar en contacto. La amenaza de este tipo de incidentes se ha intensificado debido al aumento del uso de materiales radiactivos en industrias, instalaciones médicas e instalaciones militares5. Desde el punto de vista clínico, el daño por radiación en la piel se caracteriza por el síndrome de radiación cutánea (SRC), uno de los cuatro subsíndromes del síndrome de radiación aguda (SRA). La respuesta de la piel a las radiaciones ionizantes tiene implicaciones importantes para el tratamiento y la protección contra daños posteriores6. Las lesiones concomitantes, como quemaduras y traumatismos, complican aún más el resultado clínico cuando se combinan con lesiones por radiación7. El grado de exposición de la piel a la radiación se correlaciona con un umbral de punto de no retorno, a partir del cual el deterioro de otros órganos da lugar a un fallo orgánico único o múltiple y, en última instancia, conduce a la muerte del paciente 8,9. La lesión cutánea por radiación se compone de una fase aguda y otra crónica. La lesión aguda por radiación se manifiesta clínicamente como eritema, edema cutáneo, dermatitis, ampollas, denudación epidérmica, descamación seca o húmeda, ulceración y cambios en el cabello y las uñas. La fase crónica se manifiesta como atrofia dérmica, fibrosis, ulceración crónica y telangiectasias 10,11. En general, los efectos agudos se manifiestan predominantemente en la epidermis, mientras que los efectos crónicos son más prominentes en la dermis. La reacción aguda a la exposición a la radiación conduce a una marcada disminución de la actividad mitótica dentro de las 12 horas posteriores a la exposición, seguida de hiperemia, agrandamiento celular, vacuolización, picnosis nuclear y fragmentación 4,12.
Las dosis de radiación superiores a 40 Gy dan lugar a una descamación húmeda y a la pérdida de la epidermis, lo que conduce a una mayor susceptibilidad a las infecciones13. Además, la exposición de la piel a la radiación induce la producción de citocinas, lo que desencadena una respuesta inmunitaria inflamatoria en la capa dérmica. Los mediadores inflamatorios destacados incluyen interleucinas (IL-1, IL-3, IL-5, IL-6 e IL-8) y el factor de necrosis tumoral α (TNFα)14. El fracaso en la resolución de la inflamación puede eventualmente resultar en el desarrollo de fibrosis en el sitio de la lesión por radiación15. Las heridas físicas adicionales o las lesiones térmicas agravan aún más esta respuesta fibrótica, extendiéndose a través de la capa muscular16. El factor de crecimiento transformante β (TGFβ) es la citocina clave en el desarrollo de la fibrosis17. En la actualidad, muy pocas opciones de tratamiento muestran resultados prometedores, y la mayoría podría tener problemas con el cumplimiento por parte de los pacientes. La investigación adicional que explora las respuestas celulares y moleculares de la piel a diferentes dosis de radiación mejorará la comprensión de la fisiopatología de la piel inducida por la radiación y mejorará el desarrollo de nuevas terapias.
Para facilitar la traslación clínica de los resultados de la investigación en modelos preclínicos para aliviar las lesiones inducidas por la radiación en la piel y los tejidos blandos, es crucial diseñar modelos experimentales altamente relevantes de intervenciones terapéuticas posteriores a la irradiación. Se han descrito modelos in vitro e in vivo de lesiones inducidas por radiación, incluyendo modelos de cultivo celular de células endoteliales irradiadas18,19, fibroblastos20 o queratinocitos19 y modelos animales in vivo de roedores, cerdos y primates no humanos. Los modelos de roedores son ampliamente utilizados en la investigación de la radiación debido a sus similitudes en la respuesta a las lesiones por radiación con los seres humanos y su flexibilidad de manipulación genética21. Los requerimientos de dosis de radiación son mayores en roedores que en humanos cuando se buscan resultados similares: descamación, fibrosis y necrosis16,22. La descripción de los criterios de puntuación para medir la respuesta a la radiación ha mejorado aún más la adopción de modelos de lesiones cutáneas por radiación en roedores21,23.
La investigación actual en el entorno preclínico se centra en la comprensión de los mecanismos de las lesiones cutáneas inducidas por la radiación y en el desarrollo de opciones terapéuticas. Por lo tanto, es esencial establecer un modelo preclínico robusto y reproducible para crear el insulto de radiación con alta traducibilidad clínica. Este trabajo describe un modelo murino de fibrosis cutánea con dosis de radiación optimizada y técnica de administración. Nuestro modelo, que combina mediciones funcionales, histológicas y moleculares, se puede utilizar para estudiar eficazmente el mecanismo del desarrollo de la fibrosis e investigar nuevas opciones terapéuticas.