El trasplante renal es el tratamiento óptimo para la enfermedad renal terminal 1,2,3,4; Sin embargo, los riñones trasplantados a menudo se pierden prematuramente, con hasta un 50% de pérdida del injerto a los 10 años después del trasplante5. Los pacientes afectados tienen una mayor morbilidad y mortalidad y suponen una importante carga económica para los sistemas sanitarios6. Una de las principales causas de pérdida prematura del injerto es la lesión sufrida por el injerto en el momento del trasplante, conocida como lesión por isquemia-reperfusión (IRI). La IRI es una lesión inevitable causada por la disminución del flujo sanguíneo, seguida de reperfusión7. La isquemia se caracteriza por la acumulación de succinato tisular, que impulsa el flujo inverso de electrones en la cadena respiratoria mitocondrial, lo que conduce a la producción de superóxido y a la posterior lesión precoz después de la reperfusión8. La IRI en órganos trasplantados aumenta el riesgo de no función primaria, retraso de la función del injerto (DGF), rechazo y resultados inferiores del injerto 8,9. La DGF, definida como la necesidad de diálisis en la primera semana post-trasplante9, es una manifestación de IRI10 grave. Histológicamente, el DGF asociado a IRI se manifiesta como necrosis tubular aguda (NTA) y lesión de la microvasculatura. Funcionalmente, hay una disminución en la tasa de filtración glomerular (TFG) y en la diuresis, características de la lesión renal aguda (IRA) en el aloinjerto11. A pesar de su importancia, en la actualidad no existen tratamientos para la LRA postrasplante asociada a la isquemia-reperfusión. La falta de tratamientos se debe a una comprensión incompleta de los mecanismos de la enfermedad y a la falta de marcadores para identificar a los pacientes con mayor riesgo de disfunción del injerto durante los puntos críticos en los que la lesión puede ser reversible12.
La evidencia acumulada sugiere que el metabolismo energético alterado en el aloinjerto media la LRA y puede ser la base del DGF 13,14,15. Las células renales generan energía a través de dos mecanismos principales: la respiración mitocondrial y la glucólisis16. En la RII, la reperfusión produce disfunción mitocondrial17. En consecuencia, la glucólisis se convierte en la principal fuente de energía 13,18,19,20. El cambio metabólico en la IRI promueve la muerte de las células endoteliales tubulares y microvasculares, lo que conduce a la LRA 21,22,23,24. En un trabajo previo, la NTA se asoció con un aumento de la expresión de enzimas glucolíticas y niveles alterados de proteínas mitocondriales25, de acuerdo con el IRI en el injerto 13,18. Además, en un modelo de autotrasplante de riñón porcino, la isquemia seguida de almacenamiento en frío condujo a una reducción de los niveles de proteínas mitocondriales renales y a un aumento de la excreción de lactato26. En conjunto, estos hallazgos consolidan la importancia clínica de monitorear el fenotipo metabólico de los aloinjertos renales, incluso antes del trasplante, ya que las características metabólicas basales en el aloinjerto pueden ser predictivas de la disfunción del aloinjerto27.
Se han desarrollado modelos de predicción clínica del riesgo a corto plazo de rechazo y pérdida del injerto28,29. Sin embargo, estos modelos carecen de precisión y no consideran las características moleculares del injerto 30,31,32. Estudios recientes tuvieron como objetivo abordar esta necesidad insatisfecha a través de la identificación de patrones moleculares a nivel tisular que se asocian con resultados inferiores del injerto, como la disfunción del injerto y el rechazo 13,14,15,25,33,34. Estos estudios se basan en mediciones moleculares en estado estacionario en el gen 33,34,35, la proteína 25,26 y el nivel de metabolitos13,14, lo que deja una imagen incompleta del fenotipo metabólico del aloinjerto. Esta brecha en el conocimiento se debe en parte a la incapacidad de medir la función metabólica y el estado de energía de las muestras derivadas del riñón en un momento particular en el tiempo. Se justifica el desarrollo de un protocolo estandarizado para determinar el fenotipo metabólico de las células renales derivadas de la biopsia, que potencialmente pueda trasladarse al estudio de muestras de pacientes. Este artículo describe un flujo de trabajo único para evaluar la respiración mitocondrial (mediante la tasa de consumo de oxígeno), la glucólisis (tasa de acidificación extracelular) y los niveles de ATP intracelular en suspensiones de células renales derivadas de biopsias. La metodología se ha optimizado utilizando núcleos de biopsia renal de cerdos machos adultos sanos. Para facilitar la implementación clínica futura, los cilindros de biopsia se obtuvieron utilizando una aguja de 18 G, como en los protocolos clínicos estándar de muestreo de injerto renal36,37. Finalmente, se validó la utilidad de la implementación del protocolo en condiciones experimentales discriminantes en un modelo porcino de autotrasplante.