La fibrilación auricular (FA), la forma más común de arritmia sostenida, está aumentando de manera constante en incidencia1. Este trastorno progresivo comienza típicamente con alteraciones estructurales y funcionales de la aurícula izquierda (AI) y finalmente conduce a dilatación del ventrículo izquierdo (VI) y a una función sistólica y diastólica deteriorada, evolucionando comúnmente desde una forma paroxística hasta una forma persistente2. La FA se caracteriza por un remodelado estructural, eléctrico y contráctil de la aurícula. También está asociada con inflamación sistémica y fibrosis difusa, que eventualmente dan lugar a cambios fibroticos e inflamatorios en el ventrículo también3. Un número creciente de evidencias indica que la fibrosis miocárdica y la inflamación están estrechamente relacionadas con la patogénesis de la FA4. Estudios patológicos han confirmado que los pacientes con FA presentan fibrosis miocárdica difusa del ventrículo izquierdo5.
La resonancia magnética cardiovascular (CMR) ofrece imágenes multi-paramétricas, multiplanares y multi-secuencia, lo que permite una evaluación integral de la estructura, función, flujo sanguíneo y características tisulares del corazón. Su valor en la aplicación clínica está recibiendo una atención creciente. Las técnicas convencionales de imagen (realce tardío con gadolinio y T2WI) son principalmente cualitativas o semicuantitativas y resultan útiles para evaluar lesiones miocárdicas focales. Sin embargo, presentan limitaciones significativas en lesiones difusas y microlesiones tempranas6. Las técnicas cuantitativas de CMR (mapeo de T1, mapeo de T2 y ECV) han abordado eficazmente esta deficiencia. El mapeo de T1 y T2 son propiedades inherentes del tejido, que representan los tiempos de relajación longitudinal y transversal del tejido, respectivamente. La fracción del volumen extracelular (ECV) se refiere al porcentaje del volumen de la matriz extracelular respecto al volumen miocárdico total7. Teóricamente, el tejido miocárdico normal presenta valores fijos de mapeo de T1, mapeo de T2 y ECV bajo las mismas condiciones. En estados patológicos, ocurren cambios en las células miocárdicas y/o en la matriz intersticial, y estos valores también se modifican en consecuencia. El mapeo de T1, el mapeo de T2 y el ECV mediante CMR permiten la evaluación cuantitativa de la fibrosis y la inflamación miocárdica8,9.
Se ha demostrado que las técnicas cuantitativas de RM cardiaca se ven significativamente influenciadas por factores como el fabricante del equipo de escaneo, la intensidad del campo magnético e incluso la secuencia, por lo que se recomienda establecer valores de referencia normales adecuados para este centro según el equipo, las intensidades del campo y las secuencias utilizados7. Estudios10 han mostrado que los valores normales globales de T1 y T2 en un escáner de RM de 3,0 T fueron de 1193 ms ± 34 ms y 36 ms ± 2,5 ms, respectivamente. Otro metaanálisis11 sobre los valores de T1 nativo y ECV en la población normal mostró que la media agrupada del T1 nativo fue de 976 ms (intervalo de confianza [IC] del 95 %: 969 ms, 983 ms) a 1,5 T y de 1159 ms (IC del 95 %: 1143 ms, 1175 ms) a 3,0 T; la media agrupada del ECV fue del 25,9 % a 1,5 T (IC del 95 %: 25,5 %, 26,3 %) y a 3,0 T (IC del 95 %: 25,4 %, 26,5 %). Se ha descrito una relación lineal inversa entre el tiempo de T1 nativo poscontraste del miocardio del VI y el grado general de fibrosis miocárdica12,13. La cartografía de T1 del VI puede servir como indicador cuantitativo del aumento de la fibrosis miocárdica en pacientes con miocardiopatía hipertrófica14, miocardiopatía dilatada no isquémica15 e infarto agudo o crónico del miocardio16. Asimismo, se ha demostrado que la fibrosis intersticial miocárdica del VI en pacientes con FA está estrechamente relacionada con la disfunción cardíaca17,18, y que los pacientes con FA presentan valores más altos en las cartografías de T1 y T2 que aquellos sin FA19. El presente estudio analizó cuantitativamente la función auricular y ventricular, junto con las características tisulares (cartografía de T1, cartografía de T2 y ECV), en pacientes con FA, proporcionando datos cuantitativos completos para orientar las estrategias de tratamiento.