El ictus sigue siendo una de las principales causas de discapacidad y mortalidad a largo plazo en todo el mundo, lo que requiere una definición clínica refinada que tenga en cuenta tanto la evidencia patológica como la de imagen1. A pesar de los avances en las intervenciones agudas, la carga global del ictus sigue aumentando, siendo el ictus isquémico la gran mayoría delos casos 2. Esta tendencia es especialmente pronunciada en China, donde la prevalencia de factores de riesgo vascular ha alcanzado niveles críticos, lo que supone una enorme presión sobre el sistemasanitario. La evidencia sugiere que los supervivientes de un primer ictus enfrentan un alto riesgo de eventos vasculares recurrentes, con estudios comunitarios que destacan la persistente vulnerabilidad de estapoblación 4. Aunque el manejo de la fase aguda presenta desafíossignificativos 5, la supervivencia a largo plazo y la esperanza de vida de estos pacientes están dictadas principalmente por la eficacia de las estrategias de prevenciónsecundaria 6,7.
La base de la prevención secundaria implica un manejo farmacológico riguroso, incluyendo la reducción de la presión arterial y la terapiaantiplaquetaria 8,9,10. Las directrices internacionales de la Asociación Americana del Corazón (AHA), la Organización Europea de Ictus (ESO) y las Recomendaciones Canadienses de Mejores Prácticas para el Ictus enfatizan que el cumplimiento de estos regímenes es esencial para prevenir larecurrencia 11,12,13,14. No obstante, la utilidad clínica de estas intervenciones suele verse socavada por una mala adherencia a lamedicación 15,16. La adherencia a la medicación es una estructura multidimensional que incluye tanto la iniciación como lapersistencia 15,17. Datos recientes del registro indican que una mayor adherencia a medicamentos secundarios de prevención mejora significativamente la supervivencia y reduce las tasas derecurrencia 17,18. Por ejemplo, la adherencia a las estatinas se ha asociado de forma independiente con un riesgo reducidode recurrencia 19.
A pesar de estos beneficios, los estudios longitudinales observan una significativa "decadencia temporal" en las tasas de adherencia durante el primer año tras elalta. Aunque factores demográficos como las diferencias de sexo y el estatus socioeconómico influyen en lapersistencia 21,22, hay un reconocimiento creciente del papel de los factores psicosociales y cognitivos en la configuración del comportamiento delpaciente 23,24. El Cuestionario de Creencias sobre los Medicamentos (BMQ) ha surgido como una herramienta validada para evaluar la representación cognitiva de la medicación a través del marco "Necesidad-Preocupaciones" 25. Las revisiones sistemáticas han demostrado que las puntuaciones de BMQ son predictores robustos de la adherencia en diversas condiciones crónicas enChina 26. De manera similar, el entorno social, especialmente el funcionamiento familiar, desempeña un papel fundamental. El Índice APGAR Familiar proporciona una medida fiable del apoyo percibido, lo cual es fundamental para los pacientes que navegan por las complejidades de la vida tras unictus 27,28.
Aunque el NIHSS y la Escala de Rankin modificada describen la gravedad neurológica y el resultadofuncional 29,30, no miden directamente las creencias sobre medicación ni el funcionamiento familiarpercibido 31. Se han estudiado servicios de salud móvil y basados en WeChat, ya que la adherenciaapoya a 32,33. Por tanto, el protocolo actual tiene dos objetivos: definir la evaluación de la toma de medicación en el día 30, día 90 y día 180 utilizando terminología consistente, y desarrollar un modelo interpretable de adherencia al día 180 utilizando variables demográficas y psicosociales predefinidas recogidas durante el estudio.