El cáncer hepático primario sigue siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad relacionadas con el cáncer en todo el mundo, y el carcinoma hepatocelular representa la mayoría de los casos encontrados en la práctica clínica. Muchos pacientes son diagnosticados en una etapa intermedia o avanzada, cuando ya no es factible la resección quirúrgica, el trasplante hepático o la ablación local. Por lo tanto, los tratamientos intervencionistas dirigidos al hígado se han convertido en un componente importante del manejo multidisciplinario. Estudios clínicos recientes han demostrado el papel creciente de la quimioembolización transarterial (TACE) en pacientes con tumores grandes o no resecables1. La quimioterapia por infusión arterial hepática (HAIC) también ha surgido como una opción importante de tratamiento regional, particularmente para pacientes con enfermedad avanzada o invasión vascular2,3. Estudios comparativos de imagen y tratamiento han respaldado además el uso creciente de estos procedimientos en la atención actual del cáncer de hígado4. La elección entre TACE y HAIC depende del tamaño y distribución del tumor, la invasión vascular, la función hepática, el tratamiento previo y el equilibrio esperado entre el control tumoral y la carga del tratamiento. Un ensayo aleatorizado de fase III sugirió que HAIC podría proporcionar una alternativa a TACE en pacientes seleccionados con carcinoma hepatocelular grande5. Otros estudios comparativos han evaluado la lesión hepática, la seguridad del tratamiento y la eficacia clínica tras HAIC, TACE o tratamiento secuencial6,7. Análisis con puntuación de propensión también han examinado estrategias combinadas de TACE-HAIC en pacientes con trombosis tumoral de la vena porta8. Otros estudios han explorado regímenes de HAIC para pacientes que no son candidatos a TACE o que son refractarios a este tratamiento9. En conjunto, estos avances han aumentado el número de pacientes que reciben intervenciones arteriales repetidas o intensificadas y han incrementado las exigencias sobre la atención de enfermería periintervencionista.
El panorama terapéutico se ha vuelto más complejo a medida que la HAIC y la TACE se combinan cada vez más con agentes dirigidos o inhibidores de los puntos de control inmunitario. Se ha evaluado la HAIC combinada con toripalimab como una estrategia sistémica–regional alternativa para el carcinoma hepatocelular avanzado10. También se han investigado enfoques de combinación similares que incluyen lenvatinib e inhibidores de la proteína de muerte celular programada 111. Estudios comparativos continúan evaluando la TACE y la HAIC en pacientes con invasión macrovascular12, mientras que cohortes multicéntricas han analizado regímenes arteriales y sistémicos combinados en pacientes con alta carga tumoral13. Los estudios sobre tratamientos de conversión han destacado aún más la importancia de la selección de pacientes y del manejo de apoyo durante la terapia multimodal intensiva14. Aunque estas estrategias pueden mejorar el control tumoral en pacientes adecuadamente seleccionados, también pueden ir acompañadas de náuseas, vómitos, molestias abdominales, dolor, fatiga, pérdida de apetito, alteraciones del sueño y debilidad generalizada durante la hospitalización. La gravedad de los síntomas varía según el tipo de tratamiento, el régimen de quimioterapia, el grado de embolización, la carga tumoral, la función hepática, los tratamientos previos y la susceptibilidad individual. Estudios en poblaciones con alta carga tumoral han demostrado que la historia de tratamiento y la intensidad del régimen pueden influir tanto en la tolerancia como en la recuperación15,16. Evidencia metaanalítica y comparativa también indica que los resultados difieren entre las vías de TACE y HAIC17,18. Los estudios sobre conversión quirúrgica y tratamiento secuencial ilustran además la carga acumulativa asociada con terapias dirigidas al hígado repetidas19,20. Estos hallazgos enfatizan la necesidad de estrategias de enfermería de apoyo que puedan aplicarse con flexibilidad a lo largo de diferentes vías intervencionistas.
Los síntomas tras la TACE o la HAIC suelen presentarse como un conjunto interrelacionado más que como eventos aislados. Las náuseas persistentes pueden reducir la ingesta oral y agravar la fatiga; el dolor abdominal puede interferir con el sueño y la movilización; y el mal descanso puede deteriorar aún más el apetito y el bienestar emocional. El manejo farmacológico con antieméticos, analgésicos, corticosteroides, agentes supresores de ácido, sedantes y apoyo nutricional sigue siendo esencial, aunque el alivio de los síntomas puede ser incompleto cuando varios de ellos ocurren simultáneamente. Además, los medicamentos adicionales pueden contribuir al estreñimiento, mareo, sedación, molestias gastrointestinales o interacciones medicamentosas, especialmente en pacientes mayores y en aquellos con función hepática reducida. La acupresión auricular es una intervención complementaria no invasiva en enfermería en la que se aplican parches con semillas de vaccaria u otros dispositivos similares sobre puntos auriculares seleccionados para proporcionar una estimulación mecánica sostenida21. Estudios controlados han examinado sus posibles efectos sobre las náuseas y vómitos relacionados con la quimioterapia y el alivio de síntomas postoperatorios22,23. Otros estudios han explorado beneficios potenciales para la fatiga relacionada con el cáncer, las alteraciones del sueño y el manejo más amplio de síntomas24,25.
Es necesario integrar la acupresión auricular con la atención de enfermería periintervencional rutinaria porque se considera un complemento, no un sustituto, del manejo estándar de los síntomas. Los pacientes sometidos a TACE o HAIC aún requieren hidratación rutinaria, apoyo nutricional, medicamentos antieméticos y analgésicos según indicación clínica, monitorización posprocedimiento y orientación para la movilización. La acupresión auricular puede complementar estas medidas al proporcionar una estimulación repetida y participativa del paciente entre las evaluaciones programadas de enfermería y la administración de medicamentos. La necesidad de un protocolo integrado es particularmente relevante durante el período posoperatorio temprano, cuando varios síntomas pueden aparecer simultáneamente, cambiar rápidamente y afectar la ingesta oral, el sueño, la movilización y la disposición para continuar con ciclos posteriores de tratamiento. Sin un flujo de trabajo estandarizado, la selección de puntos de acupuntura, la frecuencia de estimulación, la instrucción al paciente, la monitorización de seguridad y la documentación pueden variar considerablemente entre enfermeros e instituciones.
La acupresión auricular no requiere la inserción de agujas y permite que los pacientes participen en la autogestión de los síntomas tras recibir instrucciones de enfermería, lo que la convierte en una opción potencialmente adecuada para intervenciones arteriales hepáticas repetidas. Sin embargo, los estudios existentes difieren considerablemente en la selección de puntos de acupuntura, métodos de localización, intensidad de la estimulación, frecuencia de presión, duración de la intervención, monitoreo de la adherencia y evaluación de resultados. La mayoría de los estudios previos se han centrado en un solo síntoma o en una población oncológica general, y pocos han proporcionado un protocolo reproducible durante la intervención que aborde simultáneamente las náuseas, vómitos, dolor, fatiga, alteraciones del sueño y pérdida de apetito que experimentan los pacientes sometidos a TACE o HAIC. Esta brecha metodológica limita la comparación entre estudios, la replicación en diferentes instituciones y la integración en los flujos de trabajo rutinarios de enfermería. El protocolo se desarrolló mediante una refinación iterativa basada en la literatura publicada sobre acupresión auricular21,22,23,24,25, en la práctica institucional de enfermería durante la intervención y en discusiones multidisciplinarias entre cirujanos hepatobiliares, especialistas en dolor y enfermeras senior en medicina tradicional china. Antes de su implementación clínica prospectiva, se estandarizaron el flujo de trabajo, la selección de puntos de acupresión, la secuencia de la intervención, la documentación de enfermería y el cronograma de evaluación, e incorporaron procedimientos de capacitación de enfermeras basados en competencias y de monitoreo de fidelidad para mejorar la reproducibilidad entre operadores.