Los tumores del glomo son neoplasias benignas que se originan en el cuerpo del glomo. Aunque son poco frecuentes dentro del espectro general de tumores de tejidos blandos, suelen ser relativamente reconocibles en la punta del dedo, particularmente en la región subungueal. Su clásica triada de dolor (dolor paroxístico, dolor a la palpación puntual y sensibilidad al frío) proporciona una pista diagnóstica importante1. Revisiones de la literatura sugieren que los tumores del glomo representan solo una pequeña proporción de los tumores de la mano, pero con frecuencia provocan múltiples consultas médicas debido al dolor intenso. Sin embargo, las lesiones suelen medir solo unos pocos milímetros y los signos externos locales no siempre son típicos; por ello, pueden confundirse con inflamación perioniquial, dolor de origen neurológico o lesiones quísticas/vaginítis tendinosas, lo que conlleva errores diagnósticos y retrasos en el diagnóstico1. Los exámenes físicos clásicos, como la prueba de la aguja de Love, la prueba de Hildreth y la prueba de sensibilidad al frío, son útiles para sugerir el diagnóstico. No obstante, cuando los signos son atípicos o la lesión se localiza fuera de la región subungueal clásica, su positividad y su interpretación pueden disminuir; por ello, aún se requieren estudios de imagen dirigidos y confirmación histopatológica para completar el proceso diagnóstico1. Además, los tumores del glomo también pueden presentarse fuera de la región subungueal del dedo (localizaciones extradigitales/atípicas), donde las manifestaciones clínicas son más propensas a ser malinterpretadas; por lo tanto, se necesita una mayor conciencia sobre estos subtipos y su localización mediante imágenes2.
En cuanto a la obtención de imágenes, la ecografía de alta frecuencia puede identificar rápidamente nódulos superficiales del tamaño de un milímetro en el entorno ambulatorio, permitir una correlación dinámica con el punto doloroso y evaluar la vascularización. La resonancia magnética (RM) con contraste es más útil para delimitar los bordes de la lesión, los patrones de realce y las relaciones anatómicas con la matriz ungueal, la falange distal y los haces neurovasculares. La combinación de ambas modalidades puede mejorar la certeza en la localización preoperatoria y guiar la elección del enfoque quirúrgico3,4,5. También se han descrito complicaciones raras de los tumores del glomo, como la ruptura o la infección secundaria, lo que indica que el dolor persistente o las anomalías locales deben reconocerse precozmente y manejarse adecuadamente4,5,6.
Caso clínico:
Una mujer de 23 años acudió en 2018 con antecedentes de dos años de dolor punzante localizado y una pequeña masa palpable en la pulpa de la falange distal del cuarto dedo de la mano izquierda. La ecografía mostró un nódulo subcutáneo hipoequico de 4,3 × 2,5 mm, y la resonancia magnética con contraste demostró una lesión de 3,2 × 3,5 mm con realce homogéneo. El mismo estudio por resonancia magnética también reveló un nódulo realzado independiente de aproximadamente 8 × 4 mm en la falange distal del dedo índice izquierdo (Figura 1); sin embargo, en ese momento la paciente no presentaba dolor ni otros síntomas en el dedo índice. La lesión sintomática del cuarto dedo fue completamente extirpada el 23 de julio de 2018 (Figura 2), y el examen histopatológico confirmó un tumor glómico.
Aproximadamente siete años después, el paciente desarrolló un dolor punzante localizado en la falange distal del dedo índice izquierdo. Una resonancia magnética de control mostró una lesión en la misma región anatómica que la lesión asintomática del dedo índice identificada en 2018. El 2 de diciembre de 2025 (Figura 3), la lesión fue extirpada mediante un abordaje por lecho ungueal, y el examen histopatológico nuevamente confirmó un tumor glómico (Figura 4 y Figura 5). La comparación retrospectiva de las imágenes de 2018 y 2025 indicó que la lesión del dedo índice tratada quirúrgicamente correspondía a la lesión ya visible en 2018. Por lo tanto, estos hallazgos apoyan la presencia de tumores glómicos sincrónicos en diferentes dedos, con presentación sintomática tardía de la lesión en el dedo índice. Aproximadamente dos semanas después de la cirugía, la incisión había cicatrizado bien sin infección ni complicaciones de la herida, la sensibilidad y la amplitud de movimiento se conservaron, y el dolor focal preoperatorio había desaparecido.
Diagnóstico, evaluación y plan:
En la primera presentación, la ecografía de alta frecuencia mostró un nódulo subcutáneo hipoequico que medía aproximadamente 4,3 mm × 2,5 mm en el dedo anular izquierdo, con una pequeña cantidad de señal de flujo sanguíneo interno. La resonancia magnética con contraste mostró una pequeña lesión subcutánea redondeada que medía aproximadamente 3,2 mm × 3,5 mm en la falange distal del dedo anular izquierdo, con realce homogéneo evidente. La resonancia magnética también sugirió una pequeña lesión nodular con realce que medía aproximadamente 8 mm × 4 mm debajo de la piel de la falange distal del dedo índice izquierdo; sin embargo, los principales síntomas del paciente se localizaban en el dedo anular izquierdo. Se planeó la extirpación completa de la lesión sintomática del dedo anular y el examen patológico.
El 14 de noviembre de 2025, una resonancia magnética simple y con contraste de la mano izquierda mostró un nódulo en la falange distal del dedo índice izquierdo, lo que sugiere un posible tumor glómico. Dado el nuevo dolor localizado, los hallazgos de imágenes, la afectación de un dedo diferente y de una capa anatómica distinta, y en vista del hallazgo previo en resonancia magnética en la misma región anatómica del dedo índice izquierdo en 2018, la lesión de 2025 se consideró una lesión previamente existente pero clínicamente asintomática que posteriormente se había vuelto sintomática, más que un tumor primario recién desarrollado o una recidiva de la lesión del dedo anular.